CINE – NACIONAL – CRÍTICA
Lo de adaptar al cine éxitos literarios es ya una tradición. Pues bien, este 1 de septiembre llega a la gran pantalla la versión cinematográfica de la novela ‘Ávidas pretensiones’, de Fernando Aramburu. Originalmente, el autor tuvo cierta gracia descriptiva al adentrarse en un mundo de poetas y juegos florales. Ahora, Jaime Chávarri, director en su día de ‘El desencanto’, experto en el terreno documental y tras casi veinte años sin hacer una película, ha decidido convertir en imágenes un comprometido texto cargándolo de clichés, sarcasmo y un buen arsenal bélico con La manzana de oro.
Partiendo de un entorno rural, la película se basa en la celebración de unas Jornadas Poéticas en un aislado convento del noroeste peninsular donde se otorga el premio anual de La manzana de oro. Poco a poco, con la llegada de los diferentes participantes, el espectador reconoce viejos amores, algo de rencor, las relaciones de ‘abrazos cortos’, nuevas voces y tendencias e incluso los efectos del universo ‘influencer’ en este campo.
De entre todo el reparto, es fácil distinguir dos grupos. Por un lado están Sergi López, Marta Nieto, Roberto Enríquez, Adrián Lastra y Vicky Peña; los cuales hacen un buen trabajo con sus respectivos papeles, aunque los llevan al extremo patético y jocoso. Por otro lado, están Ginés García Millán, Joaquín Climent, Carla Campra, Álvaro Subiés y Paca Gabaldón, cuyos personajes van por un camino distinto. Más serios y sensibles.
La entrega del galardón que da título al filme es sólo el pretexto de una reunión de literatos, añorados de la poesía -o al menos inspirados por ella- que buscan florecer o bien ofrecer contenidos adaptados a los nuevos tiempos, como son el rap o las redes sociales. Resulta una comedia vodevil sin gags hilarantes ni forzados, que lo que quiere es contar muchas cosas en un solo fin de semana.
La manzana de oro pretende ser una película relajada, pero el ritmo va acelerando, el retrato de los personajes empieza mal y parece que en general les cuesta encontrar el tono adecuado. El guion es simple, pero se basa en un tipo de cine pasado, nada convencional hoy en día. Eso sí, es entretenida y no hace mal a nadie. Como la poesía, a la que no podemos dar por muerta.
¿Por qué verla?
El mensaje que pretende lanzar es que la ambición humana y el deseo de éxito a veces pueden ensuciarlo o estropearlo todo, En ocasiones, la poesía, se queda corta para retratar ciertos golpes de la vida producidos por celos, drogas o traición.
Valoración: ★★
Texto: Gemma Ribera
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Aquí el tráiler:
