MUSICA – BARCELONA – CRÓNICA
La primera edición del Energy Fest se celebró anoche en el Palau Sant Jordi con promesas de convertirse en la nueva gran cita de la música urbana y latina en Barcelona. Sin embargo, la realidad fue otra: gradas medio vacías, retrasos a mitad del show y una desconexión evidente entre la propuesta y el público. Pese al despliegue técnico y a un cartel de artistas de renombre, el evento no logró llenar ni en entusiasmo ni en asistencia.
El festival arrancó con puntualidad, con Luis Fonsi encargado de abrir la noche, seguido de Arcángel, Willy William y, finalmente, Nicky Jam, que cerró el evento con un set potente y un público entregado. A medida que avanzaba la velada se produjeron retrasos en las actuaciones, sumando tensión a una atmósfera ya fría por la escasa asistencia.
A pesar de ello, los artistas principales cumplieron su parte del trato: Cada uno ofreció actuaciones correctas, con momentos de fuerza escénica, visuales cuidados y un repertorio de grandes éxitos donde el autotune convivió sin problema con la interpretación en directo. Sonaron desde ‘En la maleta’ o ‘Despacito’ hasta ‘El perdón’ o ‘X’, pasando por ‘La ocasión’ o ‘I like to move it’.

Todo sucedió en un contexto nada fácil: tras el gran apagón del 28 de abril que afectó a toda la Península Ibérica, existía incertidumbre sobre si el evento seguiría en pie. Pero lo hizo. Y quienes asistimos disfrutamos de una experiencia inesperadamente íntima. Una especie de fiesta exclusiva no por diseño, sino por ausencia.
Barça Mobile, como principal patrocinador, intentó salvar la cita con una oleada de entradas gratuitas a última hora y una campaña digital a contrarreloj. Pero la estrategia de publicidad y marketing no fue suficiente. La falta de conexión con el público objetivo, el precio inicial de las entradas y una promoción más centrada en el patrocinador que en el contenido musical terminaron por lastrar el evento.

¿Fue un mal festival? En lo musical, no. Quienes estuvimos allí disfrutamos de una experiencia singular, con artistas de primer nivel y un ambiente inusual para un recinto como el Sant Jordi. ¿Habrá segunda edición? Solo si se aprende de lo que esta primera hizo —o no supo hacer—.
Texto: Gemma Ribera
Fotos: Lourdes Tasias
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