REVIEW #CINE: ‘Tras el verano’ habla de vínculos invisibles en tiempos revueltos

En su primer largometraje, Yolanda Centeno se adentra con sensibilidad en un terreno tan cotidiano como complejo: el de los lazos afectivos que nacen al margen de la biología y que, sin embargo, resultan igual de intensos, si no más. Tras el verano narra la historia de Paula, una mujer que ha criado al hijo de su pareja como si fuera suyo, y que, tras la ruptura, ve tambalearse ese vínculo sin saber si tendrá derecho a conservarlo. Lo que propone la directora no es tanto un drama familiar al uso, sino una pregunta abierta sobre la legitimidad del amor no reconocido por ley.

Desde lo visual, Centeno apuesta por una puesta en escena contenida y atmosférica, donde el mar, los silencios y la distancia entre cuerpos funcionan como metáforas de lo que no se dice. Hay decisiones estéticas que funcionan con fuerza simbólica, aunque en algunos momentos el estilo roza lo afectado, lo subrayado. Lo mismo sucede con ciertas escenas: se percibe un esfuerzo por mostrar sin juzgar, pero a veces se queda en un terreno superficial, como si la película dudara entre lanzarse al abismo emocional o mantenerse al margen.

Donde sí destaca es en las interpretaciones. Alexandra Jiménez logra componer un personaje contenido, pero lleno de capas, con una tristeza que asoma sin hacer ruido. Juan Diego Botto también resuelve con oficio un papel que podía haber caído en el cliché del padre despegado, y el niño —interpretado con gran naturalidad por Álex Infantes— consigue transmitir verdad sin caer en lo empalagoso. El reparto sostiene una historia que, si bien no siempre avanza con fuerza, encuentra en sus actores un anclaje emocional honesto.

La película funciona mejor cuando se centra en las contradicciones internas de sus personajes, en esa zona gris donde nadie es del todo culpable ni del todo inocente. Sin embargo, cuando intenta abarcar demasiadas perspectivas, pierde foco y acaba diluyendo parte de su potencia inicial. La aparición de nuevos personajes, como la madre biológica o la nueva pareja de Paula, suma matices, pero también desvía la atención de lo que realmente importa: el vínculo entre Paula y el niño.

¿Por qué verla?

Tras el verano no es una película redonda, pero sí valiente en su planteamiento. Invita a pensar en qué lugar quedan las figuras cuidadoras cuando se rompe una familia y qué espacios les ofrece una sociedad que todavía entiende la maternidad en términos demasiado rígidos. Quizá le falte garra o una mayor profundidad narrativa, pero su mirada es sincera, y eso, a veces, es más que suficiente. Estreno en cines el 16 de mayo de 2025.

Valoración: ★★★

Texto: Gemma Ribera

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Aquí el tráiler:

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