MÚSICA – BARCELONA – CRÓNICA
El pasado 4 de julio, Rosario desplegó todo su arte en los Jardines del Palau de Pedralbes, en una noche que unió celebración y homenaje en el marco del festival Les Nits de Barcelona. Para conmemorar sus 33 años en la música, el recinto se llenó de un público intergeneracional que compartía algo más que canciones: recuerdos, vivencias, emociones. En medio de ese clima cálido y expectante, Rosario apareció sobre el escenario irradiando carisma, con ese estilo mestizo tan propio que mezcla flamenco, soul, funk y rumba como si fueran uno solo.
Desde los primeros compases de Mi gato, quedó claro que la artista venía dispuesta a darlo todo. Acompañada por seis músicos, dos coristas y dos bailaores, presentó su último disco Universo de Ley, con temas en los que la fusión y la raíz se dan la mano. Pero fue en el repaso a sus grandes clásicos donde se desató la mayor conexión con el público. Cautivó a todos los presentes con esa mezcla de energía y compás que la ha convertido en una figura única dentro de la música popular española.
A lo largo del concierto, Rosario interpretó Sabor, sabor, De ley, Al son del tambor o Agua y sal, mientras que iba abriendo camino a momentos de intimidad y tributo. Mencionó con emoción a su hermano Antonio, a quien rindió un emotivo homenaje con Qué bonito y con una versión profundamente sentida de No dudaría durante los bises. También tuvo palabras para su padre, el Pescaílla, figura clave en el origen de la rumba catalana, y saludó a su sobrina Alba Flores, presente en platea.
En los interludios nos entretuvo su equipo con solos de baile y percusión, en el que los bailaores marcaron el ritmo con zapateados enérgicos y cajones flamencos, contagiando al público con una oleada de compás. El repertorio fue amplio y dinámico, incluyendo piezas como Rosa y miel, Mucho por vivir, Estoy aquí, La casa en el aire o Muchas flores, antes de cerrar con un doble bis que incluyó Te quiero, te quiero, de Nino Bravo, y la ya citada No dudaría, con la que Rosario despidió la noche con el alma en la voz y el recuerdo de su hermano presente en cada verso.
Rosario no se limitó a repasar su carrera: la reivindicó con alegría, con raíces y con verdad. Treinta y tres años después de su debut, se mantiene como una fuerza escénica en estado puro. Lo de Pedralbes fue mucho más que un concierto: fue una celebración del arte, la familia y la vida.
Gemma Ribera
Fotos: Rubén Irún
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