REVIEW #CINE: ‘El talento’, entre virtuosismo y vulnerabilidad

El talento, la nueva película de Polo Menárguez, llega a los cines el 5 de septiembre de 2025 como un experimento ambicioso dentro del panorama del cine español actual. Inspirada libremente en una novela de Arthur Schnitzler publicada en 1924, la cinta se propone actualizar los dilemas de la sociedad burguesa a un contexto dominado por redes sociales, lujos digitales y excesos contemporáneos.

Donde antes había bailes de salón, ahora hay coreografías virales de TikTok; donde reinaban las ensoñaciones etílicas, ahora aparecen drogas y fiestas clandestinas. Y, pese a este barniz moderno, el esqueleto clásico permanece: una carta misteriosa, una invitación prohibida, secretos familiares y juegos de apariencias.

En la película, Ester Expósito interpreta a Elsa, una joven prodigio del violonchelo que se ve atrapada entre sus aspiraciones artísticas y las presiones de un entorno que privilegia la apariencia sobre el talento. Durante una fiesta de la alta sociedad, las exigencias familiares y las intrigas del círculo en el que se mueve la obligan a tomar decisiones difíciles que pondrán a prueba su dignidad y sus convicciones. Su personaje explora temas como la cosificación, el acoso y la lucha por mantener la integridad en un mundo que mide el valor de la mujer por su imagen.

El arranque mantiene un pulso firme, construyendo un suspense denso y elegante. Durante gran parte del metraje, el espectador queda atrapado en un entorno en el que cada gesto encierra la posibilidad de traición y cada palabra parece anticipar un secreto oculto. Sin embargo, a medida que avanzan las tramas de seducción y las concesiones al presente digital, esa tensión inicial se diluye. El thriller, que prometía solidez, se dispersa en caminos paralelos que restan contundencia al conjunto.

Uno de los puntos más fuertes de El talento es, sin duda, su reparto. Ester Expósito firma aquí uno de sus trabajos más exigentes, enfrentándose a un personaje que la sitúa en el centro de un torbellino emocional y moral. La actriz, cuya imagen pública suele estar teñida de sensualidad y consumo mediático, ya había afrontado la cosificación en Venus, y vuelve a situarse en un territorio donde lo erótico y lo vulnerable se entrecruzan.

Este rol, sin embargo, le permite mostrar un rango interpretativo más maduro, alejándose del estigma que arrastra desde Élite y revelando una capacidad para sostener con intensidad dramática un filme irregular. A su lado, Pedro Casablanc confirma una vez más su solvencia, aportando un antagonista robusto que equilibra la balanza actoral.

La producción y parte del guion llevan la impronta de Fernando León de Aranoa, perceptible en el contraste de clases que atraviesa la narración: los adinerados y sus privilegios frente a una clase trabajadora reducida a comparsa o a víctima. Aunque esta mirada refuerza un trasfondo reconocible, no escapa a ciertos tópicos. La estructura narrativa coquetea con lo hitchcockiano, pero el desenlace se resiente: atrevido en concepto, menos elegante en ejecución. El recurso de mostrar desde el inicio el destino final del relato funciona como apuesta arriesgada, aunque en ocasiones reste sorpresa a lo que vendrá después.

¿Por qué verla?

El talento es un relato sobre orgullo, vulnerabilidad y el precio de nuestras decisiones. La película plantea cuestiones relevantes —si el fin justifica los medios, qué huellas dejan nuestras elecciones—, pero a menudo se ve lastrada por personajes secundarios desdibujados y escenas que poco aportan. Aun así, es un filme que reafirma la evolución artística de Ester Expósito y el arrojo de Polo Menárguez al traer un material clásico a un presente convulso y digitalizado.

Valoración: ★★★

Texto: Gemma Ribera

© COMOexplicARTE

Aquí el tráiler:

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