CRÓNICA: ‘ACT x Palestine’, o cuando la música se convierte en compromiso

MÚSICA – BARCELONA – CRÓNICA

Mientras el conflicto en Palestina se agravaba y las imágenes de Gaza se sucedían sin pausa, una parte del tejido artístico europeo comenzó, hace meses, a preguntarse qué papel podía desempeñar más allá de la denuncia en redes sociales. De esa necesidad de acción concreta nació ACT x Palestine, una iniciativa que entendía la música y la palabra como herramientas de visibilización, recaudación y acompañamiento, no como gestos simbólicos aislados.

Barcelona, ciudad históricamente vinculada a la movilización cultural y política, se convirtió en el punto natural para acoger ese impulso. El proyecto fue creciendo de manera orgánica, sumando artistas, voces y disciplinas, hasta tomar la forma de un concierto-manifiesto capaz de ocupar uno de los grandes escenarios del país, el Palau Sant Jordi.

El resultado fue una velada concebida no como un festival convencional, sino como una pieza estructurada con intención narrativa. Dividido en movimientos, el concierto avanzó como un relato continuo en el que música, discurso y emoción se entrelazaban sin jerarquías. Desde el preludio, marcado por la palabra del actor Eduard Fernández y del intérprete palestino Kayed Hammad, quedó claro que el objetivo no era el entretenimiento, sino la atención. Poco después, la intervención de Pep Guardiola reforzó esa línea, apelando a la conciencia colectiva.

Sobre un escenario que evocaba una plaza mediterránea, se fueron sucediendo las actuaciones sin apenas interrupciones. Artistas de generaciones y estilos distintos convivieron en un mismo relato, subrayando la diversidad como valor y la colaboración como lenguaje. Las voces palestinas ocuparon un lugar central, siempre bien acompañadas y recibidas.

Uno de los momentos más significativos llegó con la aparición inesperada de Rosalía. Su intervención, breve y sin anuncio previo, se integró con naturalidad en el conjunto. La interpretación de La Perla, acompañada por un reducido grupo de músicos -algo despistados, todo sea dicho-, no necesitó consignas explícitas para transmitir posicionamiento. La respuesta del público, inmediata y prolongada, confirmó el peso simbólico de este momento.

A lo largo de la noche, el concierto alternó registros emocionales y sonoros: desde la intensidad combativa de Fermín Muguruza hasta la intimidad de Amaia al piano, pasando por colaboraciones que cruzaron lenguajes, geografías y tradiciones musicales. En varios momentos, el público tomó la palabra de forma espontánea, convirtiendo el Palau en un espacio de participación activa más cercano a una asamblea cultural que a un recinto de grandes aforos.

El concierto ACT x Palestine no se limitó a la exhibición de artistas internacionales: buscó situar en primer plano las voces palestinas como eje central de la velada. Desde el inicio, Kayed Hammad compartió su testimonio sobre la vida en Gaza, Arab Barghouti, agradeció el apoyo internacional y reclamó justicia para su pueblo, mientras que la cantante Zeyne combinó tradición y modernidad en una intervención emotiva que conectó con el público.

También Lina Makoul aportó fuerza lírica y presencia simbólica, y el grupo Sol Band, originario de Gaza, ofreció un testimonio musical directo desde el territorio. Estas actuaciones no solo reforzaron el mensaje solidario del evento, sino que recordaron que la cultura puede ser un vehículo de visibilidad, y que este manifiesto-concierto no se construía desde la distancia, sino desde la urgencia.

El tramo final apostó de forma clara por la idea de comunidad con la presencia de Lluis Llach y otros invitados. Tras actuaciones especialmente celebradas como las de Bad Gyal, Morad u Oques Grasses, que devolvieron al escenario una energía reconocible para el público, el concierto fue derivando hacia un cierre grupal. Lejos de una despedida festiva, el final funcionó como una afirmación común: la de una cultura que no se limita a observar, sino que decide implicarse.

Gemma Ribera
© COMOexplicARTE

 

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