MÚSICA – BARCELONA – CRÓNICA
De la oscuridad a la luz. De la noche cerrada al florecer. Ese es el viaje emocional que propone Andrés Suárez con su nuevo trabajo, Lúa, y también el concepto que vertebrará la gira que acaba de iniciar. Anoche asistimos a su primer concierto, celebrado en Sala Paral·lel 62 de Barcelona, bajo una lluvia que el propio artista definió entre bromas como “lluvia gallega”, como si el clima de su Ferrol natal hubiera viajado con él.
El cantautor presentó su décimo álbum de estudio como un proyecto que casi no llega a existir. Grabado íntegramente en directo, Lúa nace de un momento personal complicado: una ruptura sentimental que derivó en una fuerte depresión, agravada por su relación con el móvil y las redes sociales. Durante un tiempo, confesó, ni siquiera la música lograba llenarle.
Con el paso de los meses y el apoyo de personas cercanas, las ganas de componer regresaron. En ese proceso apareció también “C”, una mujer de México con la que pasó horas hablando por videollamada y que le ayudó a volver a creer en el amor. De ahí su declaración de afecto hacia el país, del que se confesó enamorado por su riqueza cultural y musical, aunque sin dejar de reivindicar sus raíces.
En ese mapa emocional, Barcelona ocupa un lugar especial. “Esta ciudad es mi casa”, recordó, aludiendo a sus inicios cantando en el metro, bares y pequeñas salas. Por eso eligió la ciudad para arrancar la gira. El concierto estuvo íntegramente dedicado a Robe Iniesta, líder de Extremoduro. Antes de aparecer sonó uno de sus temas mientras una voz en off explicaba la dedicatoria, y Suárez salió al escenario con una camiseta en su honor.
La primera parte fue la más íntima, con el artista solo a la guitarra interpretando temas del nuevo disco como Cuánto daría, Jacaranda o Seríamos reyes, mientras se iba incorporando su “bandón”, que lleva más de 15 años a su lado. Entre canción y canción, Suárez volvió a demostrar una de las señas de identidad de sus directos: su cercanía. Con simpatía y naturalidad fue hilando anécdotas, confesiones y bromas que arrancaban risas del público, al tiempo que mostraba una gratitud constante tanto hacia los asistentes como hacia el equipo que hace posible cada concierto, desde los músicos hasta los técnicos.
El giro llegó cuando el escenario se iluminó y comenzaron los himnos coreados por el público: Vuelve, Perdón por los bailes y Te doy media noche, esta última con un pequeño fallo técnico que obligó a reiniciarla entre risas.
Después tocaron Números cardinales y la recuperaron Ahí va la niña, el segundo tema más escuchado de su catálogo y que llevaba años sin sonar en directo. El bis devolvió la intimidad: primero Benijo, interpretada a guitarra y voz sin micrófono, y después Voy a volver a quererte, al piano junto al violinista Marino Saiz.
La recta final recuperó la energía con Hay algo más, una versión más rumbera de Náutico y la clásica No saben de ti para cerrar con la sala entregada. Si Lúahabla de atravesar la noche, el arranque de esta gira en Barcelona dejó claro que Andrés Suárez ya camina hacia la luz: ese lugar donde, tras la luna negra, empiezan a florecer las jacarandas.
Gemma Ribera
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