CINE – NACIONAL – CRÍTICA
Cada nueva película de Alejandro Amenábar es un acontecimiento, no solo porque en tres décadas haya entregado tan solo siete títulos, sino porque en cada uno de ellos se espera esa mezcla de riesgo, clasicismo y capacidad de emocionar que lo han convertido en uno de los cineastas españoles más internacionales. Con El Cautivo, que se estrena en cines el 12 de septiembre, el director se adentra en un episodio poco explorado de la vida de Miguel de Cervantes: su cautiverio en Argel y cómo la imaginación y el relato fueron sus mejores armas para sobrevivir.
La premisa podría sonar académica, pero Amenábar consigue lo contrario: una película vibrante, rotunda en lo visual y cargada de resonancias contemporáneas, que convierte la creación literaria en un acto de resistencia. En El Cautivo, contar historias no es un pasatiempo, sino un arma de supervivencia, una herramienta para negociar con el poder y un refugio contra la desesperanza.
El filme deslumbra en su puesta en escena: la recreación del Argel del siglo XVI es tan ambiciosa como convincente, con un diseño de producción que convierte cada calle, cada mercado y cada sombra en un personaje más. Aquí se nota la mano de un cineasta que, lejos de acomodarse en lo que ya sabe hacer, busca abrir ventanas visuales que conectan con un espectador actual sin perder el rigor histórico.
En cuanto a las interpretaciones, Julio Peña ofrece un Cervantes joven y humano, alejado de la figura mitificada, mientras Alessandro Borghi aporta la intensidad y el carisma necesarios para dar entidad a un antagonista que nunca es simple villano. El resto del reparto se mueve entre lo solemne y lo íntimo. Algunos actores, como Miguel Rellán, Fernando Tejero o Luis Callejo, dotan de verdad a un relato que fácilmente podría haberse convertido en una postal de época.
La contención de los actores equilibra el tono épico con un trasfondo humano, y consigue que detrás de los ropajes, del artificio y de la épica, palpiten las dudas, los miedos y las pasiones de unos personajes frágiles.
Narrativamente, El Cautivo es también una reflexión sobre el propio acto de crear. Amenábar se mira en Cervantes como en un espejo: el escritor que, prisionero y vulnerable, construye mundos posibles para salvarse, y el director que, siglos después, hace lo mismo desde el cine. Ese juego meta-artístico es uno de los grandes aciertos de la película, que consigue hablar tanto del pasado como del presente, tanto de Cervantes como de nosotros.
¿Por qué verla?
Puede que algunos encuentren en el guion cierta rigidez o en los diálogos un tono demasiado declamatorio, pero lo cierto es que la obra funciona mejor cuanto más se abraza a la grandeza de lo que propone: una oda a la imaginación como forma de resistencia. Y ahí, El Cautivo alcanza momentos de verdadero cine mayúsculo.
Valoración: ★★★★★
Texto: Gemma Ribera
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Aquí el tráiler:
