CINE – NACIONAL – CRÍTICA
Revisitar un clásico siempre implica asumir un riesgo. Hacerlo además con una obra tan influyente como ‘La caza’ de Carlos Saura multiplica la dificultad. Sin embargo, ‘Día de caza’, dirigida por Pedro Aguilera, evita la trampa del remake complaciente y encuentra una vía propia para dialogar con el original desde una mirada contemporánea. No intenta sustituir a la película de 1966 ni competir con ella, sino reinterpretar algunas de sus inquietudes desde una realidad social muy distinta.
La premisa es aparentemente sencilla. Blanca, Rosa y Carmen se reúnen después de años sin verse para compartir una jornada de caza en una finca heredada. Las acompaña Diana, la sobrina de una de ellas, una joven silenciosa que observa desde la distancia las dinámicas del grupo. Lo que comienza como un reencuentro cargado de nostalgia pronto se transforma en un ajuste de cuentas emocional donde afloran resentimientos, frustraciones y heridas nunca cerradas.
Como ya ocurría en la obra de Saura, el verdadero conflicto no está en la caza, sino en los personajes. El calor abrasador, el paisaje seco y la sensación de aislamiento funcionan como una olla a presión que va elevando la tensión de forma progresiva. Aguilera traslada el enfrentamiento masculino de la película original a un grupo de mujeres de mediana edad enfrentadas a cuestiones muy actuales: la menopausia, las relaciones con los hijos, las crisis de pareja, las infidelidades, las adicciones o el desgaste emocional provocado por el paso del tiempo.
En ese sentido, ‘Día de caza’ podría recordar —solo en superficie— a ciertos remakes contemporáneos que reubican relatos clásicos desde una perspectiva femenina, como ocurrió con algunos reboots de Hollywood donde el cambio de género del elenco buscaba actualizar el imaginario del original. Sin embargo, la película de Pedro Aguilera va un paso más allá: no se limita a invertir roles, sino que desplaza el conflicto hacia un territorio generacional y emocional completamente distinto, donde lo importante no es quién ocupa el centro, sino desde dónde se mira la memoria, el deseo y la violencia latente.
Lo que atrapa del film actual es precisamente esa capacidad para convertir una reunión aparentemente cotidiana en una reflexión sobre la memoria y las heridas que nunca terminan de cicatrizar. La película habla del peso del pasado, de aquello que creemos haber superado y que reaparece cuando menos lo esperamos. En ese sentido, funciona casi como una metáfora de una sociedad que continúa arrastrando conflictos sin resolver y que, generación tras generación, sigue tropezando con los mismos errores.
La puesta en escena juega un papel fundamental. La fotografía de Eva Díaz captura con enorme precisión la hostilidad del entorno. Los terrenos áridos, el sol implacable y los espacios abiertos generan una sensación constante de incomodidad. La naturaleza se convierte en un personaje más, observando en silencio cómo las tensiones se acumulan hasta alcanzar un punto de no retorno. Hay imágenes que transmiten una sensación física de agotamiento y que contribuyen decisivamente a crear la atmósfera del relato.
Si existe un elemento que sostiene gran parte de la película es su reparto. Blanca Portillo, Carmen Machi y Rossy de Palma construyen un triángulo interpretativo de enorme fuerza dramática. Cada una aporta matices distintos a unos personajes marcados por las contradicciones y el desgaste emocional. Portillo ofrece probablemente el trabajo más complejo del conjunto, pero el nivel general es notable. También destaca la presencia de Zoe Arnao, cuya mirada externa sirve para conectar dos generaciones enfrentadas a realidades muy distintas.
La película no está exenta de problemas. Algunos diálogos resultan demasiado explícitos y determinadas reflexiones contemporáneas aparecen subrayadas con más insistencia de la necesaria. Además, quienes esperen la asfixiante tensión psicológica que convirtió a ‘La caza’ en una obra maestra pueden echar en falta una mayor sensación de amenaza constante. Aguilera opta por un enfoque más emocional y menos despiadado, lo que resta algo de intensidad al desenlace.
Sin embargo, estas pequeñas irregularidades no empañan el resultado global. ‘Día de caza’ entiende que un remake solo tiene sentido cuando aporta una nueva lectura al material original. La película utiliza el clásico de Saura como punto de partida para reflexionar sobre la identidad, la amistad, el envejecimiento y la imposibilidad de escapar de aquello que nos marcó. No todas las decisiones funcionan con la misma eficacia, pero la propuesta tiene personalidad, ambición y suficiente entidad propia para justificar su existencia.
¿Por qué verla?
‘Día de caza’ no alcanza la dimensión histórica de la obra de Carlos Saura, pero tampoco lo pretende. Su fuerza reside en ofrecer una lectura contemporánea, bien interpretada y visualmente absorbente sobre el peso del pasado y las fracturas que persisten bajo la superficie. Un remake innecesario sobre el papel, pero sorprendentemente pertinente en la práctica. Las cuatro mujeres protagonistas están sobresalientes. Estreno en cines el 3 de julio de 2026.
Valoración: ★★★
Texto: Gemma Ribera
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Aquí el tráiler:
