REVIEW: ‘La ofrenda’, cuánto amor y qué dolor nos quedó

CINE – ESPAÑA – CRÍTICA

La culpa, la obsesión y el perdón son sentimientos de los cuales el ser humano no se puede deshacer tan fácilmente. Precisamente, La ofrenda (L’Ofrena) es una película que indaga sobre los efectos y la materialización de dichos sentimientos. Dirigida por Ventura Durall, cuenta con guión de él mismo junto a Guillem Sala, Clara Roquet y Sandra Beltrán, y tras estrenarse en el 23º Festival de Málaga llega a los cines el 18 de septiembre de 2020.

Álex Brendemühl y Verónica Echegui encarnan a Jan y a Rita, los personajes principales. Jan, pareja de Rita, fue un amor de la adolescencia de Violeta que marcó su vida justo cuando la abandonó de forma traumática. Ahora, Rita acude a Violeta reclamando el afecto de su marido, cosa que a ella le coge de imprevisto aunque aprovecha la ocasión para plantearse cómo puede reescribir su historia.

El triángulo amoroso que compone Ventura Durall es algo arriesgado. Hay que lograr entrar en ese remolino de sensaciones para poder salir fuerte e ileso tras ver la proyección, pero el viaje que nos propone vale la pena gracias a la fuerza de voluntad del conjunto de actores. Para que sea una tragedia como tal quizá falta un poco de emoción en algunas secuencias, pero la trama esconde un hilo de infidelidades que convierten la película en una pieza muy visceral.

El espectador debería completar el relato y extraer sus propias conclusiones, pero en La ofrenda no se da acceso a ello. El viaje al pasado comporta una obsesión exagerada y cuando se regresa al presente vemos el deseo como foco central desde un punto de vista poético. Un poco más de realismo y menos misticismo no iría mal, la verdad. Por suerte, a nivel estético ambos universos se complementan correctamente. La cámara capta el desnudo como sinónimo de sencillez, y el paisaje como un ambiente de calma donde todo llega y todo pasa, incluido el dolor.

¿Por qué verla?

En este rompecabezas lo que realmente importa no es tanto la imagen o las piezas que lo forman, sino la conducta mental y todo el bagaje que hay detrás de cada personaje. No es fácil controlar los picos de intensidad. Anna Alarcón, por ejemplo, realiza una labor interpretativa de altura ya que lleva a su personaje al extremo con una gran carga emocional. Más allá de los protagonistas, Pablo Molinero también destaca por su naturalidad. 

Valoración: ✮✮✮

Texto: Gemma Ribera

© COMOexplicARTE

Aquí el trailer:

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