REVIEW #TEATRO: ‘La Presència’, lo que permanece cuando todo termina

La muerte, más que un final, suele ser el detonante de todo lo que una familia ha evitado decir durante años. En ese terreno incómodo donde el tiempo se estira, las palabras pesan y los silencios gritan, se instala La Presència, una comedia con tintes trágicos que, tras su exitoso paso por La Villarroel, llega al Teatre Borràs consolidada como una de las propuestas más estimulantes de la cartelera barcelonesa.

El punto de partida es tan cotidiano como inquietante: Ernest y Sandra se reúnen en la masía familiar para acompañar a su padre Climent en sus últimas horas. Con ellos está Miki, pareja de Sandra, intentando sostener un equilibrio emocional que se acaba desestabilizando. La llegada de la médica del CAP y la posterior muerte de Climent deberían cerrar el episodio. Pero no. Con un simple gesto inesperado la obra abre la puerta a un juego constante entre lo racional y lo inexplicable.

El texto de Carmen Marfà y Yago Alonso avanza con una inteligencia pausada, dosificando la información y permitiendo que el espectador reconstruya poco a poco la historia familiar. Bajo la dirección de Pau Carrió, la obra encuentra un equilibrio muy medido entre comedia y tensión, sin caer nunca en lo grotesco ni en el exceso. Aquí, el humor no alivia: incomoda. Y eso es precisamente lo que la hace funcionar.

El reparto mantiene en todo momento el tono que la pieza teatral pide en si misma. Anna Sahun destaca especialmente en un papel que evoluciona de forma inesperada, convirtiéndose en pieza clave del engranaje dramático. Pau Roca construye un Ernest lleno de matices, donde la aparente serenidad se resquebraja poco a poco. Marc Rodríguez aporta el necesario contrapunto cómico sin caer en la caricatura, mientras que Mar Ulldemolins compone una Sandra atrapada entre lo que cree ser y lo que realmente es.

La escenografía de la casa de montaña es cálida y reconocible, y actúa como un refugio que poco a poco se convierte en trampa. La iluminación y el espacio sonoro juegan un papel esencial en la construcción de esa atmósfera inquietante, donde los llamados “efectos especiales” no buscan el impacto fácil, sino una sugestión progresiva.

En el fondo, la obra habla de algo mucho más terrenal que los fenómenos paranormales: los secretos. De aquello que se calla por comodidad, por miedo o por pura inercia social. La Presència pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿cuánto sabemos realmente de quienes tenemos más cerca? Las relaciones familiares, las dinámicas de pareja y las decisiones vitales aparecen atravesadas por esa necesidad constante de aparentar y de encajar.

¿Por qué verla?

Porque combina con acierto misterio, humor y drama sin perder nunca el pulso. Porque habla de lo sobrenatural sin olvidar que lo verdaderamente inquietante suele estar en lo cotidiano. Y porque ofrece interpretaciones sólidas dentro de una puesta en escena cuidada y eficaz.

Valoración: ★★★★

Información y entradas

Texto: Gemma Ribera

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