CINE – NACIONAL – ENTREVISTA
Presentada en la 10º edición del BCN Film Fest, Cowgirl parte de la supervivencia en el mundo rural para terminar explorando cuestiones mucho más universales como la pertenencia, el cuidado y la necesidad de ser vistos. En esta conversación, la directora Cristina Fernández Pintado y la actriz protagonista Isabel Rocatti profundizan en el proceso creativo de la película, la construcción de Empar como personaje y la relación entre humanos y animales como eje emocional de una historia atravesada por la dureza del entorno, la resistencia y las segundas oportunidades.
COMOexplicARTE: La película parte de una necesidad muy básica como es la supervivencia de una granja, pero acaba tocando temas universales. ¿Qué querías contar realmente con esta historia?
Cristina Fernández Pintado: Esta historia surge de Rafa Albert, el guionista, que la plantea a la productora. Nosotros, Miguel Llorens y yo, colaboramos en el guion, como director y director de fotografía y producción. Añadimos capas que estaban apuntadas sin profundidad, y que para nosotros eran clave para dar vida al proyecto. Nos interesaba el viaje de una mujer independiente hacia la luz y la vida; reivindicar a las mujeres de más de sesenta años no solo en lo artístico. Y también hablar del mundo rural sin romantizarlo, mostrando su dureza y resistencia frente a modelos como la ganadería intensiva o decisiones políticas como vender el pueblo. Creo que es un grito de rabia y de rebelión, de lo salvaje.
COMOexplicARTE: ¿Cómo quisiste contar la relación entre humanos y animales en este contexto rural?
Cristina Fernández Pintado: Empar está criada para cuidar, para mirar hacia afuera. Cuando se queda sola, vuelve a aquello que conoce, pero al cambiar el objeto de cuidado, lo salvaje la obliga a mirarse a sí misma de otra manera, con amor. Esa relación entre ella y la vaca Tona abre también relaciones en el pueblo, como las de Bernat y Riqui. Esta relación entre los humanos y los animales abre camino hacia la solidaridad y la complejidad del pueblo. A la protagonista la empodera y le abre la mirada hacia la luz.
COMOexplicARTE: La necesidad de que Tona críe se puede leer como supervivencia… pero también como una forma de obsesión. ¿Cómo pusiste los límites?
Cristina Fernández Pintado: Hay una continuidad de la granja, no económica, porque no es sostenible, sino de sentido vital. Pero creo que hay algo más que subyace, que tiene que ver primero con que esto salga bien y luego con una necesidad de permanencia, es decir, de que el proyecto familiar continúe. Algo incluso inconsciente por parte de Empar. Es cierto que desde la soledad y el dolor, el hecho de que la vaca críe se convierte en una relación obsesiva y algo tóxica. Humaniza a la vaca, sí, pero el entorno y sus relaciones la van reubicando.
COMOexplicARTE: ¿Qué decisiones visuales fueron clave para transmitir esa sensación de aislamiento y conexión con la naturaleza?
Cristina Fernández Pintado: La apuesta de Miguel Llorens fue una mirada no intervencionista, muy observacional y orgánica, dejando que el paisaje y el animal se integrasen con la historia. Se trataba de no inducir, sino de dejar que el entorno sorprendiera. Esa mirada a la intemperie es clave, creo yo. Y también el trabajo con Isabel, abierta a improvisar con la vaca, creando una relación viva, como en cualquier proceso actoral donde uno propone y el otro responde.
COMOexplicARTE: Empar es rápidamente etiquetada como «la loca del pueblo» solo por salirse de la norma. Isabel, ¿Cómo se incorpora esa etiqueta en el personaje.. La resiste, la asume, la transforma?
Isabel Rocatti: Esa etiqueta me atrapó desde el inicio. Una mujer que se muestra tan poco social, tan poco amable, y que muestra el enfado y el mal carácter… eso me gustó. (ríe). Me enteré hace muy poquito de que el sentimiento de pertenencia que necesitamos los seres humanos es más fuerte que el de supervivencia. Esto es muy potente y me cambió la mirada a la hora de meterme en la piel de este personaje que luego se va desgranando. El arco es bellísimo. Partiendo de tanto dolor y oscuridad, su viaje es casi un regalo para el propio personaje y también para los espectadores.
COMOexplicARTE: ¿Cómo fue trabajar con animales en rodaje? ¿Qué retos y qué aprendizajes te llevas?
Isabel Rocatti: Yo soy de Burjassot y tengo una cierta edad. Me he criado con leche de vaca. Tenía una vaquera en mi calle, la señora Carmen, que venía con dos garrafas de leche que nos vendía. He visto vacas, pero nunca las había tocado. Para mí eran animales casi sagrados, me daban mucho miedo. Y claro, aquí tener que relacionarme con una vaca… fue tan bello. Me metí en la historia de Empar. Me fascinó tanto que lo de la vaca pensé: “Se va a solventar”. Antes del rodaje estuvimos unos días con Ellas y con ganaderos que nos enseñaron cómo cuidarlas. Tona es muy dócil. Hubo un momento en que ella me miró fijamente y supe que desde ahí había un lazo. Ha sido un regalo este trabajo y he aprendido mucho.
COMOexplicARTE: De los personajes masculinos, cada uno aporta algo en la vida de Empar. En el caso de Riqui, ¿funciona como catalizador?
Isabel Rocatti: Sí. Todos los personajes tienen segundas oportunidades.
Cristina Fernández Pintado: Riqui (Carlos Cuevas) es un personaje herido que sobrevive como puede y cuida a la vaca como le hubiera gustado ser cuidado a él. Se encuentra con Empar y crean una familia no convencional, donde por primera vez se sienten escuchados.
Isabel Rocatti: Exacto. Para él es claramente una segunda oportunidad. Le da un hogar.
COMOexplicARTE: ¿Diríais que ‘Cowgirl’ habla de encontrar a alguien o de permitirse ser encontrada?
Cristina Fernández Pintado: ¡Qué buena pregunta! Pues yo creo que encuentras algo o alguien porque te permites ser encontrado. Es consecuencia de eso.
Isabel Rocatti: Yo también lo veo así, una mezcla. Qué bonita pregunta.
Entrevista: Gemma Ribera
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