REVIEW #TEATRO: ‘Perfectes desconeguts’, una fórmula que sigue funcionando, aunque ya no sorprende

Llevar al escenario una historia que se ha convertido en un fenómeno internacional tiene ventajas y riesgos. Perfectes desconeguts, la adaptación catalana dirigida por David Selvas que puede verse en el Teatre Poliorama, llega respaldada por el enorme éxito de la obra original de Paolo Genovese y por las numerosas versiones cinematográficas y teatrales que han recorrido medio mundo. El resultado es un espectáculo eficaz, entretenido y reconocible, aunque difícilmente logra escapar de la sensación de estar transitando por un territorio ya demasiado conocido.

La premisa conserva intacta su fuerza dramática. Un grupo de amigos se reúne para cenar y, en un momento aparentemente inocente de la velada, decide compartir públicamente todos los mensajes, llamadas y notificaciones que lleguen a sus teléfonos móviles. Lo que comienza como un juego se transforma rápidamente en una bomba de relojería emocional. Secretos, mentiras, infidelidades, medias verdades y dobles vidas salen a la luz ante la mirada de quienes creían conocerse desde siempre.

El principal acierto de esta versión reside en la adaptación realizada por Llàtzer Garcia, que traslada la acción a una realidad mucho más cercana al espectador actual. Las referencias a grupos de WhatsApp, redes sociales y nuevas dinámicas relacionales ayudan a actualizar un texto que, pese a mantener plena vigencia temática, necesitaba una revisión para conectar con los cambios sociales de los últimos años. La propuesta de Selvas también introduce matices en la construcción de las relaciones de pareja y los modelos afectivos, alejándose de algunos planteamientos que hoy resultan más rígidos o desfasados.

Sin embargo, la propia popularidad de la historia juega en contra del montaje. Quienes conocen la película o alguna de sus múltiples adaptaciones difícilmente encontrarán grandes sorpresas en el desarrollo de la trama. La dirección apuesta por un ritmo fluido y una puesta en escena funcional, concentrando toda la acción en un único espacio que reproduce la intimidad de una cena entre amigos. El carácter casi claustrofóbico de la situación favorece que las tensiones vayan creciendo de forma orgánica.

El reparto cumple con solvencia las exigencias de una obra eminentemente coral. Eduard Farelo aporta presencia y experiencia a un personaje cargado de contradicciones, mientras que Marta Bayarri construye con credibilidad el progresivo derrumbe emocional de una mujer que ve cómo todo aquello que intentaba controlar se le escapa de las manos. Biel Duran, Júlia Molins, Albert Prat, Vanessa Segura y Cristian Valencia completan un elenco equilibrado que entiende bien la naturaleza casi milimétrica del texto, donde cada intervención tiene consecuencias inmediatas sobre el conjunto.

No obstante, la función también evidencia algunas limitaciones. La reflexión sobre la dependencia tecnológica resulta pertinente, pero no especialmente novedosa. El verdadero interés de la obra sigue estando en las relaciones humanas y en la facilidad con la que construimos versiones parciales de nosotros mismos para convivir con nuestras propias contradicciones.

El espectáculo mantiene el interés durante toda la representación y genera momentos de humor muy efectivos, pero rara vez alcanza la profundidad o la complejidad emocional que parecen insinuar algunos de sus conflictos. Su mirada sobre las relaciones contemporáneas resulta certera por momentos, aunque también algo previsible en sus conclusiones.

¿Por qué verla?

Perfectes desconeguts es, en definitiva, una propuesta sólida, bien interpretada y capaz de conectar con un público amplio gracias a una premisa universal. Sin embargo, la fuerza de su mecanismo dramático ya no posee la capacidad de sorpresa que tuvo en sus primeras versiones, lo que limita parte de su impacto.

Valoración: ★★★

Información y entradas

Texto: Gemma Ribera

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