CINE – NACIONAL – CRÍTICA
Todos recordamos dónde estábamos el 17 de agosto de 2017. La película Cronos regresa a aquel día para reconstruir, desde la tensión del thriller, las horas que siguieron al atentado de Las Ramblas. Fernando González Molina convierte Barcelona en el escenario de una persecución contrarreloj marcada por el miedo, la confusión y una información que cambiaba a cada minuto. El film no se centra en recrear los sucesos desde el morbo, sino en seguir las 124 horas posteriores a través del operativo policial que trató de localizar a los responsables y evitar que pudieran volver a atacar.
La base de la película es uno de sus puntos fuertes. El guion de Alberto Marini, a partir de la investigación realizada durante dos años por los periodistas Nacho Carretero y Arturo Lezcano, construye un relato que maneja una enorme cantidad de información sin perder demasiado pronto el hilo. Barcelona, Alcanar, Ripoll y Cambrils forman parte de un mismo mapa narrativo y la película consigue conectar acontecimientos, pistas y personajes mientras la operación avanza. Esa precisión se nota especialmente durante la primera mitad, cuando las distintas líneas se cruzan con enorme agilidad y el espectador comparte con los protagonistas esa sensación de no saber qué va a ocurrir a continuación.
El gran acierto de González Molina está precisamente en la puesta en escena y en un potente arranque. Las Ramblas aparecen reconocibles, llenas de gente, ruido y desconcierto, y la recreación de aquellas primeras horas tiene una dimensión pocas veces vista en un thriller español de estas características. Sirenas, carreras, llamadas, órdenes contradictorias, evacuaciones y cambios de rumbo construyen una tensión que no necesita recurrir constantemente a la espectacularidad. El montaje de Verónica Callón resulta clave para ordenar todo ese material y mantener el ritmo. Cronos funciona especialmente bien cuando se deja llevar por esa urgencia, cuando cada decisión parece tener consecuencias inmediatas y Barcelona se convierte en un escenario de persecución.
Pero el operativo policial también es inseparable de las tensiones institucionales y políticas que marcaron aquellos días, y la película decide entrar en ellas. El conflicto entre Mossos, Policía Nacional, Generalitat y Gobierno de Mariano Rajoy aparece como una de las capas de fondo de la historia y acaba teniendo un peso considerable. Cronos adopta una posición bastante clara en defensa de la actuación de los Mossos, algo que puede generar controversia por la propia naturaleza de los hechos y por las tensiones políticas de aquel momento. Sin embargo, la película no convierte ese posicionamiento en un discurso partidista permanente: lo utiliza sobre todo para mostrar que, mientras los agentes buscaban al último terrorista, también existía una lucha por la información, la coordinación y el control de la respuesta pública. Es una dimensión interesante y fiel a los hechos reales.
Enric Auquer sostiene buena parte del peso dramático como un inspector obligado a tomar decisiones bajo una presión extrema, y su interpretación funciona porque evita presentar al personaje como un héroe infalible. Hay cansancio, dudas y frustración, pero también una enorme responsabilidad. Diana Gómez encuentra un registro diferente como portavoz de los Mossos, enfrentada a la dificultad de comunicar en directo mientras las informaciones cambian constantemente y cualquier palabra puede generar todavía más alarma. Y Mónica López aporta una dimensión especialmente emocional como la agente vinculada a Ripoll que debe asumir que algunos de los jóvenes de su entorno estaban implicados en la célula terrorista. Los tres consiguen que sus personajes tengan una vida propia más allá de su función dentro del operativo.
Junto a ellos, Pablo Derqui, Israel Elejalde, Xavi Sáez, David Vert, Mima Riera y el resto del elenco contribuyen a construir una película verdaderamente coral. Policías de diferentes rangos, sanitarios, bomberos, responsables de comunicación y representantes institucionales forman parte de una maquinaria enorme que el filme intenta mostrar desde distintos niveles. Son personajes ficticios, sí, pero con alma. Es importante la humanidad con la que se retrata a quienes participaron en la respuesta. Se busca comprender su desgaste, sus dudas y la dificultad de trabajar durante días prácticamente sin descanso.
En algunos momentos, sin embargo, esa voluntad de humanización se vuelve demasiado explícita y determinadas conversaciones personales frenan una tensión que el thriller había construido de forma mucho más natural. Ahí aparecen también las principales limitaciones de la película. Su mirada es deliberadamente parcial, porque prácticamente todo está contado desde quienes participaron en la respuesta institucional, y eso deja en segundo plano la experiencia de las víctimas, sus familias y una ciudadanía que durante aquellas horas también vivió una situación de miedo y desconcierto absoluto. Además, cuando el ritmo de la persecución comienza a disminuir, Cronos abre demasiadas líneas y su último tramo se alarga más de lo necesario, con varias conclusiones que podrían haberse condensado.
Aun así, sus virtudes terminan imponiéndose: una dirección de gran solvencia, una recreación de Barcelona especialmente llamativa, un guion capaz de manejar numerosos personajes y acontecimientos y un reparto que sostiene la tensión incluso cuando conocemos de antemano el desenlace. Una mirada al 17-A desde dentro del operativo policial, ambiciosa y eficaz, aunque limitada por el propio punto de vista que decide adoptar. Estreno en cines el 4 de septiembre de 2026.
Valoración: ★★★★
Texto: Gemma Ribera
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Aquí el tráiler:
