TEATRO – NACIONAL – CRÍTICA
Cesc Gay vuelve a poner a una familia frente a sus propias contradicciones. En 53 domingos, tres hermanos se reúnen para decidir qué hacer con su padre, de 86 años, cuya conducta empieza a generar problemas. Lo que debería ser una conversación concreta acaba, como suele ocurrir en sus historias, sacando a la luz reproches, diferencias y asuntos pendientes que poco tienen que ver con la decisión que los ha reunido.
La obra confirma el particular sentido del humor del director y dramaturgo: personajes imperfectos, conversaciones cotidianas y conflictos reconocibles que no necesitan una puesta en escena compleja para resultar divertidos. Una frase lleva a otra, alguien recuerda algo del pasado, una respuesta se interpreta mal y la reunión acaba desviándose hacia todo aquello que una familia lleva tiempo evitando.
El resultado es una función ágil y entretenida, sostenida principalmente por el texto y por la química entre Julián López, Pepa Charro, Xavi Mira y Candela Serrat. Buena parte de la comicidad está en sus reacciones y en la forma en que cada personaje afronta el conflicto. No hace falta exagerar demasiado las situaciones porque, precisamente, muchas resultan reconocibles.
Quizá 53 domingos no destaque por sorprender con su argumento. El desarrollo es bastante previsible y resulta fácil intuir el desenlace. Pero su principal baza no está tanto en la sorpresa como en la identificación. Al principio te ríes de los personajes y de sus maneras de enfrentarse a los problemas; pero poco después empiezas a reconocer determinadas actitudes, discusiones o formas de relacionarse. Y ahí está, para mí, uno de los aciertos de la obra: empiezas riéndote de ellos y acabas riéndote de ti mismo.
No porque pretenda aleccionarnos, sino por pura inercia y empatía. Porque, aunque no hayamos vivido exactamente esa situación, sí podemos reconocernos en la necesidad de tener razón, en un reproche que vuelve una y otra vez o en una discusión que se acaba desviando hacia cualquier otro asunto pendiente.
Además, 53 domingos ha dado el salto al cine este 2026 de la mano del propio Cesc Gay, que adapta su obra teatral para Netflix con Javier Cámara, Carmen Machi, Javier Gutiérrez y Alexandra Jiménez al frente del reparto. Una nueva mirada sobre esta historia familiar que permite trasladar sus conflictos a la pantalla, aunque el teatro conserva la cercanía y la reacción inmediata del público.
¿Por qué verla?
Por Cesc Gay, por el reparto y por una comedia que encuentra el humor en algo tan poco extraordinario como nuestras propias relaciones familiares. No es una obra especialmente sorprendente, pero sí una propuesta que funciona, entretiene y consigue algo más interesante: que la risa inicial hacia sus personajes termine convirtiéndose en reconocimiento.
Valoración: ★★★
Texto: Gemma Ribera
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