REVIEW #CINE: ‘Fiesta Pagana’, mucho exceso y poca historia para un biopic con potencial

Escuchar a Mägo de Oz desde sus inicios hace que acercarse a Fiesta Pagana sea algo más que ver una película sobre una banda de rock. El biopic, dirigido por Álvaro Brechner, destaca por la caracterización de sus protagonistas, pero su insistencia en los conflictos y los excesos deja en segundo plano la trayectoria musical de una de las bandas más reconocibles del rock español. Hay años de canciones, cambios de formación, discos y recuerdos asociados a su música. Por eso, las expectativas eran altas ante un proyecto que tenía la oportunidad de trasladar a la gran pantalla la historia de una formación que ya ha hecho historia.

Después de verla, sin embargo, me queda una sensación agridulce. La trayectoria de Mägo de Oz ofrece material de sobra para construir un biopic interesante. Sus comienzos, la evolución de su sonido y el crecimiento de una banda que encontró su propio espacio dentro del rock español son elementos que merecían un lugar destacado en el relato. También lo es su capacidad para combinar heavy metal y folk celta, incorporar referencias literarias y conectar con varias generaciones de seguidores, incluso más allá del público habitual del género.

El director Álvaro Brechner, junto a Sofía Cuenca en el guion, se enfrenta a una historia en la que conviven música, amistad, ambición, fama y conflictos personales. La intención de mostrar el lado menos amable de la vida de una banda de rock no me parece desacertada. No esperaba una película destinada a ensalzar a sus protagonistas ni a convertir su trayectoria en una sucesión de éxitos. Las contradicciones, las disputas y los errores también forman parte de cualquier historia humana y pueden dar mucho juego en la pantalla.

El problema es que Fiesta Pagana dedica tanto espacio a los episodios más escabrosos que acaba dejando fuera de foco otros aspectos fundamentales. La película parece encontrar buena parte de su motor narrativo en las drogas, las broncas y los excesos, mientras que la evolución musical del grupo y el impacto de sus canciones quedan en un segundo plano. Y es precisamente ahí donde, como seguidora desde sus inicios, siento que la propuesta pierde una oportunidad importante. ¿Desde cuándo el morbo pesa más que la música?

No se trata de negar que hayan existido conflictos dentro de la banda ni de cuestionar que estos puedan formar parte de su retrato cinematográfico. Tampoco de exigir que todo se cuente desde una perspectiva amable. Pero hay una diferencia entre mostrar las sombras de una trayectoria y convertirlas prácticamente en el eje de toda la narración.

En algunos momentos, la insistencia en los excesos y las situaciones caricaturescas termina restando matices a los personajes. El humor puede funcionar en una película de estas características y la irreverencia encaja, en principio, con el imaginario del rock. Sin embargo, cuando determinados comportamientos se exageran una y otra vez, el resultado corre el riesgo de quedarse en la anécdota y de hacer que los protagonistas parezcan caricaturas de sí mismos. Por suerte, sí que se explica qué había detrás de algunas decisiones, cómo se construyó la identidad musical de Mägo de Oz y qué circunstancias marcaron su evolución.

La ficción permite condensar acontecimientos, dramatizar situaciones y tomarse licencias narrativas. No le exigiría a Fiesta Pagana una reconstrucción documental de cada episodio, pero sí una mirada más amplia que ayudara a comprender la dimensión del grupo y su lugar dentro de la música española. Porque quien ya conoce la trayectoria del grupo puede completar mentalmente muchos de esos vacíos. Quien se acerque por primera vez a Mägo de Oz a través de la película, en cambio, puede quedarse con una visión demasiado condicionada por sus episodios más controvertidos. No es que una ficción tenga la obligación de ofrecer una biografía definitiva, pero sí creo que el enfoque elegido acaba determinando la imagen que transmite.

Si hay un aspecto que merece reconocimiento es el trabajo del reparto. La caracterización de los músicos está muy conseguida y los actores reproducen con acierto su imagen, sus gestos y sus maneras. Adrián Lastra interpreta a Txus di Fellatio, mientras que Adrià Mondaray da vida a José Andrëa —interpretando incluso las canciones— y Guillermo Furiase se pone en la piel de Moha. El reparto cuenta también con la participación de Jorge López y Roberto Álamo, que contribuyen a dar forma al universo de la película. La recreación de los personajes ayuda a que el espectador reconozca a los músicos y entre en la propuesta.

Ahora bien, una caracterización lograda no siempre basta para construir personajes complejos. Es importante que el guion pueda ofrecerles profundidad y permitir que se entiendan sus motivaciones. Y es aquí donde echo en falta más matices: los actores hacen un trabajo destacable, pero la historia no siempre les permite ir más allá de las situaciones que plantea.

¿Por qué verla?

Si eres seguidor de Mägo de Oz, Fiesta Pagana puede despertar tu curiosidad por ver cómo se trasladan sus personajes y su trayectoria a la gran pantalla. El trabajo de caracterización del reparto es uno de sus puntos fuertes y la propuesta tiene interés, aunque su enfoque narrativo no termina de hacer justicia a todo lo que representa la banda. Una película con potencial que, en mi opinión, se recrea demasiado en los excesos y deja la música en un segundo plano. Estreno en cines el 6 de noviembre de 2026.

Texto: Gemma Ribera

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Aquí el tráiler:

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