REVIEW #TEATRO: ‘Bons i Dolents’, una cena entre amigos que acaba desmadrándose

Joel Joan protagoniza y firma Bons i Dolents, una comedia de enredos en el Teatre Condal de ritmo frenético, con grandes interpretaciones y situaciones disparatadas que hace reír, aunque recurre a una fórmula que hemos visto demasiadas veces. Una cena entre amigos, secretos que salen a la luz, parejas con demasiadas cuentas pendientes y sustancias que terminan desatando el caos.

En los últimos tiempos hemos encontrado en teatro y cine más de una historia que parte de una reunión aparentemente tranquila para convertirla en una sucesión de confesiones, reproches y situaciones cada vez más difíciles de controlar. La diferencia está en cómo se construye ese desastre y, sobre todo, en hasta dónde se quiere llevar.

Quienes conozcan el universo de Joel Joan reconocerán rápidamente su sello: personajes egocéntricos, diálogos acelerados y conflictos cotidianos que terminan escapando de cualquier control. Su Ricard, atrapado en una crisis vital y sentimental, intenta salir de cada problema provocando otro todavía mayor. A su alrededor, las deudas, las infidelidades, las separaciones y las frustraciones personales dibujan un retrato de adultos que parecen tener muchas más cosas pendientes de las que están dispuestos a admitir. La obra encuentra ahí uno de sus puntos fuertes, que es que todos tienen algo que ocultar y nadie sale completamente indemne.

A Joel Joan lo acompañan Agnès Busquets en el papel de Clàudia, Oriol Casals como Jesús, Nesa Vidaurrázaga como Marta y Ana Gago como Amàlia. El reparto funciona bien como conjunto coral. Oriol Casals destaca especialmente en la evolución de Jesús, un personaje que pasa de la inseguridad a una inesperada liberación. La escenografía acompaña con solvencia y la función apenas deja espacio para desconectar: se ríe mucho, aunque algunas situaciones resulten demasiado forzadas.

La escenografía es un punto fuerte porque representa el interior de una casa bien decorada y organizada, y funciona. Mi principal reparo está en el detonante del descontrol. Hay un recurso que se usa de forma repetida para llevar a los personajes al extremo, cuando los conflictos sentimentales, las mentiras y las tensiones acumuladas ya ofrecían suficiente material cómico. No cuestiono que el exceso forme parte de la propuesta —de hecho, parece ser precisamente esa su intención—, pero creo que la obra confía demasiado en este recurso.

Bajo el disparate también hay una reflexión sobre las mentiras que nos contamos y las justificaciones que encontramos para nuestros errores. ¿Somos buenos o malos, o simplemente actuamos según nos conviene en cada momento? La idea tiene interés, aunque queda algo diluida entre tantos giros y situaciones extremas. Bons i Dolents funciona mejor como comedia desenfrenada que como retrato profundo de las relaciones humanas: la intención es clara, pero la fórmula resulta previsible.

¿Por qué verla?

Por el ritmo, las interpretaciones y las carcajadas que provoca. Joel Joan demuestra una vez más su dominio de la comedia de enredos, aunque la historia habría ganado con una premisa menos vista y menos dependencia de los excesos. Una propuesta entretenida, con momentos muy divertidos, pero que no termina de sorprender.

Valoración: ★★

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Texto: Gemma Ribera

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