REVIEW: “Victòria” de Pau Miró traslada el TNC a la Barcelona de los años 50

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TEATRO – CATALUNYA –  CRÍTICA

Pau Miró es uno de los escritores más destacados dentro del panorama teatral catalán en la actualidad. Autor y director de Victòria (Victoria), trae, a partir del 4 de mayo al Teatre Nacional de Catalunya (TNC), ésta historia de amor y lucha interior para sobrevivir a la represión de la dictadura dominante en los años 50. Uno de los aspectos más llamativos a primera vista es el reparto, formado por los siguientes maravillosos intérpretes: Emma Vilarasau, Pere Arquillué, Mar Ulldemolins, Mercè Aránega, Jordi Boixaderas, Joan Anguera y Nil Cardoner, pero, una vez vista la obra, podemos afirmar que es mucho más que eso.

Emma Vilarasau es Victòria, la protagonista de esta obra que lleva su nombre. Es una mujer que acaba de perder a su marido y que vive inmersa en una realidad paralela, una especie de sueño que reside en su cabeza del cual parece que no quiere despertar, o mejor dicho no puede. La obra está situada en la Barcelona de la posguerra pero tiene pinceladas que recuerdan a nuestro tiempo, y comienza con una imagen muy significativa que fue la que, según afirmó Miró en la presentación, inspiró todo el relato. En plena huelga de tranvías como símbolo de protesta popular en contra de la dictadura, se trata de la presencia de una mujer desolada y desorientada, subida en un tranvía vacío. Ni más ni menos que Victòria a su regreso a la barbería, el negocio de barrio que hereda y con el que debe subsistir, cuya parte trasera es al mismo tiempo su casa, compartida con su cuñado (Joan Anguera). Pero por si eso fuera poco, además cede una habitación a una ex-cantante de cabaret (Mercè Aránega) que ahora se dedica a coser y que vive junto a su hijo adolescente (Nil Cardoner).

Victòria se define como una persona práctica y generosa al principio, adjetivos que quedan demostrados, pero por distintas razones, las cosas cambian y cada vez va confiando menos en la gente, hasta convertirse en una mujer de armas tomar.

Nadie se atreve a entrar en una barbería donde no es un hombre quién les atiende, tan solo un falangista, amigo del difunto y enamorado en secreto de la protagonista, acude a afeitarse cada semana. Un día, inesperadamente, un profesor republicano abre la puerta, pero no solo la física del negocio… también la puerta interior que todos tenemos adentro. La visita de una joven francesa (Mar Ulldemolins), inicialmente imprevista, es otro de los puntos clave que sin duda ayudará a cambiar la visión que la viuda tiene de las cosas y de la situación del momento.

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A partir de entonces surge una de tantas “victorias” habituales, esas batallas cotidianas en las que uno sale ganando porque consigue vencer el miedo cuestionándose la espiritualidad religiosa e incluso llegando a plantar cara a la corrupción. Vilarasau ejemplifica a la perfección con su personaje esa voluntad de quien se ve entremetido en un triángulo amoroso y, por consiguiente, se ve obligado a cruzar la barrera entre las ideologías permitidas y las prohibidas. Pero hasta aquí podemos leer…

  • ¿Por qué verla?

Los actores de Victòria y la trama están hechos el uno para el otro. Los diálogos son complejos pero parecen hechos a medida ya que seguramente no cualquier artista daría la talla. El vestuario de la mano de Berta Riera hace referencia a la época pero tiene detalles que hace que pueda pasar por ropa actual, al igual que la escenografía de Max Glaenzel, con la barbería decorada muy al estilo vintage y colocada en una plataforma móvil que deja espacio para un “doble escenario”, es decir, una separación entre el interior y el exterior que se cambia al compás de la música acorde con las luces y sobre todo con la intensidad de las diferentes escenas. Este tipo de montaje escénico es un acierto ya que sirve para dilatar el sentido espacio-temporal de la pieza teatral pero a su vez da mucho juego, ya que los personajes van entrando y saliendo sin apenas pausa, muy compenetrados, haciendo que las dos horas y media de duración (con entreacto) no sean nada pesadas, sino al contrario. No vale desconectar porque sino pierdes fácilmente el hilo de lo que está pasando, pero si te concentras de bien seguro que se entiende todo y sales de allí sin poder evitar hacer alguna breve reflexión acerca de lo que has visto.

Del 4 de mayo al 12 de junio de 2016 en el TNC. ¡Adquiere ya tu entrada!

Valoración: ✮✮✮✮

Texto: Gemma Ribera
© COMOexplicARTE

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