REVIEW: “Moonlight” de Barry Jenkins, eminente drama racial con identificación documental

moonlight

CINE – INTERNACIONAL – CRÍTICA

Este viernes 10 de febrero se estrena en los cines españoles Moonlight, el drama racial que está dispuesto a pisarle los talones a la comedia musical La la land, su mayor rival en los Óscars de este año. Y que, por qué no decirlo, va sumando papeletas para arrebatarle el galardón a Mejor película. O al menos eso demuestra el tríptico autobiográfico que constituye la historia. La cinta nace de la obra de teatro Moonlight black boys look blue y está basada en la vida del autor Tarell Alvin McCraney aunque, en parte, también en la del director y guionista Barry Jenkins. Ambos habían sido vecinos en su infancia y se reencontraron en el rodaje. La experiencia visual y el mensaje que ofrece este progresivo viaje a través de las fases de crecimiento del ser humano son dos motivos suficientes para que la cinta logre abrumar a toda la sociedad, más allá de tratar los clichés de los estadounidenses.

La primera parte del film narra lo incomprendido que se siente Chiron en clase y en casa, y como llega su fortuita salvación. Alex R. Hibbert da vida a un niño afroamericano que sufre mobbing a diario, pero que un día, cansado, huye hasta esconderse en un edificio abandonado. Allí lo encuentra Juan (Mahershala Ali) un traficante que, junto a su pareja Teresa (Naomie Harris), decide educar y acompañar a Chiron durante su paso a la edad adulta. Naomie Harris interpreta a una madre soltera traficante de crack que nunca ha cuidado suficiente a su hijo, y es por eso que Chiron acaba creciendo en una zona conflictiva de Miami y juntándose con otras compañías.

Combatiendo con la violencia de los chicos del barrio y la búsqueda de su propia identidad, a la adolescencia de Chiron se une otro conflicto: los abusos y las acusaciones sobre su apariencia homosexual. Y saber que ya no cuenta con Juan -aunque si con Teresa- y que su mayor apoyo es su amigo Kevin -un chico de raza negra interpretado por Jaden Piner con el que pasa la mayor parte del tiempo-, le genera aun más dudas.

Mucha gente ha comparado Moonlight con Boyhood (2014) de Richard Linklater, ya sea por la trama y la estructura o por su común escalada hacia los Óscars. La mayor diferencia entre la cinta perdedora en la ceremonia Hollywoodiense del 2015 y la aspirante actual es que Moonlight incorpora estereotipos de la sociedad estadounidense pero los enmarca con total naturalidad rompiendo los elementos estándar del cine negro. Es decir, lleva a la raza negra al terreno de los blancos y configura un retrato del personaje principal mediante la exploración de su entorno y la introducción de la edad adulta. La fase de madurez está ausente en Boyhood, pero aquí da lugar a la tercera y última parte del metraje. Después de pasar al Chiron de Sanders y al Kevin de Jerome, los actores Trevante Rodhes y Andre Holland cogen el relevo de los jóvenes protagonistas.

El orden cronológico del film permite que se vea desde fuera como una especie de experimento sociológico. No dura ni dos horas, pero que sea corto tampoco molesta. Quizá cuenta con demasiadas elipsis, pero al fin y al cabo son cortes que ayudan a terminar de pintar el cuadro después de las pinceladas que nos dan sobre el carácter de los personajes que aparecen en los episodios de la historia. El espectador cumple con la identificación documental que Jenkins procuraba transmitir. Esto es así porque la cinta hace reflexionar acerca de la existencia de personas en la realidad que comparten los mismos rasgos físicos, cualidades o problemas que Chiron, Kevin y los demás.

En esta cinta, la cámara tiene vida propia. De igual modo que nuestra mente viaja persiguiendo a Chiron, la mirada también sigue ese camino gracias al movimiento de cámara. La inseguridad y el dolor del chaval traspasan la pantalla con fuerza gracias al poder de las imágenes. A veces hay escenas grabadas en una sola toma que resultan muy largas, pero en cambio también se nos regalan primeros planos y detalles que hablan sin necesidad de que “el tercer ojo” se desplace demasiado. La fotografía de James Laxton es, cuanto menos, elegante, colorida y eficiente.

  • ¿Por qué verla?

Puede que a nivel interpretativo, los actores adultos estén un poco sobreactuados. Puede, a su vez, que el dramatismo generado hacia el final no sea suficiente. De todos modos, la importancia de la película recae en su potencia extracinematográfica, y en este sentido, sí que resulta satisfactoria. Hay fragmentos que ni se explican ni se ocultan, tan solo se dejan a la imaginación del espectador para que juegue a completar las piezas que faltan. Además, siendo una película dirigida y protagonizada mayoritariamente por artistas de raza negra, Moonlight puede salir beneficiada en los Óscars con sus 8 nominaciones. En esta 89ª edición la polémica racial del año anterior se ha reivindicado con hasta 14 nominaciones para afroamericanos. Dí que si, ¡#OscarsNotSoWhite!

Valoración: ✮✮✮✮✮

Texto: Gemma Ribera
© COMOexplicARTE

Aquí el trailer:

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