CRÓNICA: Experiencia en el Festival Inclús 2017. Cine y discapacidad luchan por la igualdad

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CINE – CATALUNYA – CRÓNICA

Estos días ha tenido lugar en el CaixaForum de Barcelona la 5ª edición del Festival Inclús. Así es como se llama el Festival Internacional de Cine y Discapacidad de Barcelona. Iniciativas como ésta hacen que uno se dé cuenta que el cine es una herramienta tan potente que no solo entretiene, sino que también educa y ayuda. En pleno S.XXI seguimos batallando por la accesibilidad global, una cuestión donde la cultura y por consiguiente el cine juegan un papel importante. En la edición actual del Festival, la programación la formaban películas llegadas de Canadá, Holanda, Italia, Suècia, EE.UU o España entre otros países. Son cortometrajes y largometrajes de carácter documental y un conjunto de actividades paralelas diseñadas para concienciar al público sobre el concepto y la importancia de la igualdad. Como periodista, amante del cine y persona que sufre una discapacidad visual, tenía que pasarme por el Festival que mejor me representa, y eso hice.

Hace tiempo se emitió dentro del programa Sense Ficció de la Televisió de Catalunya el reportaje Jo també vull sexe!, dirigido por Montserrat Armengou y Ricard Belis. Ahora, el metraje estaba programado en el Festival Inclús 2017 para una mayor visibilización. La película documental plantea abiertamente la experiencia de varios asistentes sexuales con el fin de regularizar este trabajo; una labor que en Catalunya no está reconocida por el Estado, mientras que en otros países europeos sí. A través de distintas filosofías de vida de profesionales del sexo y de casos de enfermos, la película muestra como su día a día desemboca en un punto común: acceder a la asistencia sexual para mejorar su autoestima y alcanzar la felicidad propia y del prójimo.

Utilizan la mirada y el testimonio en primera persona de gente con discapacidades funcionales o intelectuales y cuerpos que están a años luz de cumplir con los cánones de belleza establecidos por la sociedad, confiando en su poder transgresor para defender la asistencia sexual como una terapia emocional, es decir, un servicio sensible, íntimo y cariñoso que va mucho más allá de una simple descarga genital. Partiendo de la base de que generar controversia es fácil reuniendo los conceptos sexo y discapacidad, cabe entender que Jo també vull sexe! es una pieza arriesgada, delicada y atrevida a la vez. Algunas de las imágenes pueden provocar una reacción negativa al espectador que piense que carecen de sentido o que no son adecuadas. No obstante, la denuncia social y la pedagogía se dan la mano a la hora de presentar las distintas situaciones y en ningún momento se ve que estén recreadas ni manipuladas, sino al contrario.

Perteneciente a la misma sección, vi Dwa światy (Two Worlds), del director polaco Maciej Adamek. Elegirla fue un acierto. La película narra la relación de una niña de 12 años con sus padres mudos y como, por obligación, debe convertirse en su guía y tutora. Es dura, pero al mismo tiempo muy tierna, y cuenta con una realización impecable.

Por lo que a la Sección Oficial se refiere, la balanza la ocupan Els Ocells de pas y Sanctuary. El primer título, una producción entre Bélgica y Catalunya, mezcla en su argumento un adorable pato y una niña en silla de ruedas. Animales y niños, apuesta sensible pero segura. Es lenta, pero la trama requiere un tempo relajado para poder controlar las emociones. El segundo título, en cambio, fue una decepción. Esta comedia británica se centra en la relación de amor que mantiene Larry -con síndrome de Down- y Sophie -con epilepsia-. Está bien recurrir a la comedia para procurar alegrar una situación tan compleja, pero en este caso, el tono para contar la historia no convence por muy esperanzador que sea.

Personalmente, sentí curiosidad por atender al taller de introducción a la lengua de signos, y me quedé con las ganas de asistir al taller ‘Sentimos el cine’ para ver las reacciones del resto de los mortales a la hora de experimentar las sensaciones que las personas con discapacidad auditiva o visual tenemos al ver cine en sus propias carnes.

Muchas veces las imágenes son capaces de erizarnos la piel y también de meternos en la escena, pero está claro que esta experiencia sensorial una persona con discapacidad no la vive de la misma manera. Por este motivo, el Festival Inclús plantea actividades inclusivas –valga la redundancia- y no se limita a exhibir películas que hablan sobre discapacidad porque lo que realmente busca es acercar las personas con algún tipo de discapacidad al cine. Todas las películas se pasan con subtítulos para quienes tengan problemas de audición y disponen de audiodescripción para personas ciegas. Además, cabe destacar la presencia de intérpretes de lengua de signos en la sala.

Ojalá este festival llegue cada año a los oídos de más gente. Por un mundo más justo. Gracias a  la Associació Inclús y el Aula d’Estudis Socials, a la productora Fish Muvi, y a la colaboración de las aministraciones públicas y de organizaciones como la Fundació Grupo Sifu y la Fundació SGAE por hacerlo posible. No hay que prejuzgar al cine por su género.

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Texto: Gemma Ribera
© COMOexplicARTE

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