REVIEW: ‘Les distàncies’ (Las distancias) de Elena Trapé, drama y nostalgia

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CINE – ESPAÑA – CRÍTICA

Tenía pinta de ser una película costumbrista. De esas nostálgicas, tan lentas y serias que aburren. Pero no. Por suerte no. Parecía que Elena Trapé se había propuesto marcar distancias en Les distàncies (valga la redundancia) pero, en realidad, lo que hace la directora y guionista del film es estrechar el vinculo entre el espectador y el grupo de protagonistas. Gracias al desarrollo de la trama haciendo énfasis en el lado más intimista de la historia, pasan cosas y surgen emociones. Poner en manifiesto que los 35 son los nuevos 25 es la base de este crudo pero apacible drama que se estrenará en septiembre, de cara al otoño que viene.

Tres amigos de la universidad -y la novia de uno de ellos- deciden viajar de Barcelona a Berlín para ir a celebrar el 35 cumpleaños de un miembro del grupo que lleva años viviendo y trabajando en la capital alemana. Pensaban que sería una buena idea visitarle, pero el homenajeado está pasando por un mal momento y no recibe la sorpresa con la ilusión esperada. Hay tensión en el ambiente y es difícil disimular. Para disfrutar de la reunión de amigos durante el fin de semana habría que hacer como si el tiempo no hubiera pasado. Sin embargo, las distancias que hay entre cada uno de los personajes provocan que se descubran escondites, secretos y miserias. Y todo por el temido miedo al miedo.

Miki EsparbéAlexandra JiménezIsak FérrizBruno Sevilla y María Ribera dan vida a los cinco protagonistas. Reparto más que acertado, formado por actores con el carácter y el bagaje suficientes para complementarse unos a otros. Desde el principio, los personajes nos muestran sus demonios -que reclaman salir de sus infiernos- a la par que sus alas -las cuales no están dispuestos a que nadie se las corte-. A medida que avanza la cinta, el viaje hacia la introspección a nivel individual es más intenso, pues cada perfil se desmarca de los estereotipos y busca su ‘yo’ interior más racional para evitar que duelan las heridas.

Las comparaciones son odiosas, y más si se hace referencia a la que sin duda fue la mejor película catalana (y española) del 2017 según público y crítica, es decir, Verano 1993 de Carla Simón. Una mujer en la dirección que además es cineasta novel, una producción catalana cuya sinopsis incluye un recorrido en el tiempo; una serie de personajes entrañables y delicados comparten pantalla… tienen muchas cosas en común, pero también muchas otras que las diferencian.

Previamente, ya eligieron Berlín como foco principal películas como Perdiendo el norte (2015) de Nacho Gª Velilla o Júlia ist (2017) de Elena Martín, pero, tal como explicó Trapé a los medios en la premiere catalana, ubicar la historia en Berlín no es casual porque en los 2000 estaba destinada a ser la ciudad del futuro. Mucha gente emigraba con la esperanza de encontrar un trabajo con un salario digno. En este caso, el segundo largometraje de la directora de Blog (2010) si que toma distancias respecto a los dos títulos mencionados. Adentrarse en el universo de los personajes y sus dilemas personales la hace especial. No se limita al contexto situacional

Para poder concordarse con las localizaciones, el equipo de la película convivió en la ciudad a lo largo del rodaje, un detalle que hace posible que el espacio se entienda como un elemento más, un personaje más dentro de la historia. El  guion -escrito junto a Josan Hateroy y Miguel Ibañez Monroy– no tiene mucho misterio pero está tan cuidado que merece ser tratado con cariño. El retrato se articula a través de una narración que adquiere el ritmo preciso en cada secuencia. Lo que crece a un ritmo más acelerado son las pulsaciones tanto de los protagonistas como de la audiencia.

  • ¿Por qué verla?

Unos piensan que aquello que a los 18 era un sueño inalcanzable, pasados los 30 es una tontería. Mientras, otros están convencidos de que la solución a los problemas es vivir al limite. Sea como sea, no hay una fórmula secreta sino que hay opiniones diversas. Dilemas y confrontaciones que estallan a la mínima que alguien levanta la voz con convicción. Ya lo decía Leiva en su canción Eme, “la culpa pesa un kilo más para el que parte”. ¿O no?

Valoración: ✮✮✮✮

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Texto y fotos: Gemma Ribera
© COMOexplicARTE

 

 

 

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