CRÓNICA: ¿Última gira de Mark Knopfler? #DownTheRoadWhereverTour

MÚSICA – INTERNACIONAL – CRÓNICA

A la vista está que, pese a cumplir pronto 70 años, destreza técnica y motivación no le faltan a Mark Knopfler. El cantante y guitarrista arrancó anoche en el Palau Sant Jordi la gira de presentación de su noveno álbum de estudio Down The Road Wherever, publicado a finales de 2018, y lo hizo ante 13.000 personas rendidas a la sonoridad de cada canción. ¿Será la última vez que le veamos en directo?

Eso intuimos tras el primer speech, que vino justo al terminar Why Aye Man, el tema de apertura. Con un eufórico “¡Hello Barcelona!” agradeció la buena acogida que recibe siempre en la Ciudad Condal. “Ahora soy un hombre mayor y ya no sé si estoy para viajar tanto, pero seguiré haciendo canciones y discos”, dijo para aclarar su situación y a la vez tranquilizar al público. Bajarse de los escenarios no tiene por qué significar un retiro total…

El show sobrepasa las dos horas pero no es excesivo. Las melodías irradian solemnidad en todo momento. Son elegantes y sobrias hasta que alcanzan el clímax con la unión de varios instrumentos. Es ahí cuando realmente emocionan y pueden incluso llegar a provocar un “orgasmo de piel” a cualquiera que las escuche. Todos sabemos que el country y la música de raíz celta son los estilos que mejor definen a Knopfler, pero en esta gira, más centrada en el nuevo disco, se nota que puede demostrar que lo que a simple vista se asemeja a una orquesta tocando baladas, a lo largo de la noche se transforma en una auténtica banda de rock ‘n’ roll.

La puesta en escena es simplona. Básica. Por no haber no hay ni pantallas, solo algunos focos de colores. Y es que el artista escocés bastante tiene con su talento y el del gran séquito de músicos que le acomàñan desde hace dos décadas. Una banda que en la gira actual ha ampliado y cuenta con diez personas encargadas de envolver su guitarreo. Son Guy Fletcher (teclados), Richard Bennett (guitarra), Glenn Worf (bajo), Jim Cox (piano), Mike McGoldrick (flauta), John McCusker (violín y cistro), Ian Thomas (batería), Danny Cummings (percusión) y los nuevos Graeme Blebins (saxofón) y Tom Walsh (trompeta). Los instrumentos de viento están tan bien integrados con el sonido eléctrico que ayudan a aumentar el sentimiento de nostalgia al entonar viejas glorias, canciones recuperadas de su etapa en grupo y de sus comienzos como solista.

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Mezclar novedades con clásicos e incluir alguna sorpresa forma parte del método de trabajo de Knopfler y su equipo. El funky de Nobody does that contrastó con la repesca de Corned Beef City, Seguidamente, la flauta y el saxo nos transportaron al mar, o tal como él dice, Sailing to Philadelphia, para ceder protagonismo a los metales con Once upon a time in the west, tema que nunca había interpretado en los directos antes. Turno de la romántica Romeo and Juliet, y vuelta al presente con My bacon roll.

Entre toda esta rueda intentamos enumerar los cambios de guitarra que iban sucediendo, sin embargo nos rendimos pronto. Mientras Knopfler hablaba, sus guitarras también saludaban como si fueran un miembro más. Cada punteado o acorde cobraba vida propia gracias a la naturalidad y la delicadeza con la que el maestro los trata. “De pequeño siempre decía que me gustaría haber nacido guitarra y ahora que soy viejo todas las guitarras vienen a mi”. Se dirigía a menudo al público y contestaba a los griteríos “Os oigo, no penséis que no”, y también conversaba con los músicos. “Uno ha traído un parrot, el otro se ha empeñado en tocar el acordeón… vamos a probar, esto es una locura”. Simpatía y disfrute que nos contagió desde el minuto uno. Tomó asiento en el centro del escenario y dio paso a un bloque acústico. “Se ha quedado una bonita noche para despedirse de Barcelona”, afirmaba antes de proceder con Matchstick man, Done with Bonaparte y una base instrumental de cuerdas

La fiesta se formó a partir de Heart full of holes. Primero, un cambio radical con Silvertown Blues, y después otro con Postcards from Paraguay. Todo el público estaba sentado pero en ese instante muchos se levantaron para ocupar primeras filas y movr un poquito el esqueleto al ritmo de folk. Tras Speedway at Nazareth, el concierto no podía terminar sin abordar la etapa de Dire Straits para rememorar éxitos. Tocaron Your latest trick con una introducción de saxo al más puro estilo Kenny G, On every street y Telegraph road…. ¡pero nos quedamos con las ganas del famoso Sultans of Swing!

A falta de un bis hubo dos: una majestuosa Money for nothing y un épico Going home instrumental para marcar un adiós. Saludo conjunto, ovación en pie y apagón de luces. Ahora les toca el turno a otras ciudades españolas como son Valencia, Madrid, A Coruña y Pamplona. Luego seguirá viajando por Europa antes de dar el salto a Estados Unidos.

Texto: Gemma Ribera

© COMOexplicARTE

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