CRÓNICA: Manuel Carrasco clava la cruz del mapa en Barcelona

MÚSICA – BARCELONA – CRÓNICA

Era por allá por 2016 cuando Manuel Carrasco llenó el Estadio Olímpico de La Cartuja de Sevilla con 45.000 personas a las que les hizo Bailar el viento. Experiencia inolvidable que le valió el Premio Ondas al mejor espectáculo del año además del premio a mejor gira de LOS40 Music Awards. Ahora que tiene La cruz del mapa en el mercado, el cantante onubense se ha propuesto enamorar nuevas almas en sus nuevos conciertos.

Así lo hizo el pasado viernes 24 de mayo en el Palau Sant Jordi de Barcelona y parece que lo hará hasta octubre, con una fecha en el Wanda Metropolitano de Madrid en el mes de junio incluida, recinto donde caben 55.000 personas. Sólo hace falta decir que ha sido el primer artista español en anunciar un concierto allí agotando las entradas… Carrasco sueña a lo grande, y lo mejor es que cumple sus sueños.

En Barcelona todas las miradas apuntaban a su boca, a sus bailes y a su arte. De principio a fin repartió buen rollo, energía y pasión, lo que él considera son las claves para llegar al público. Abrió el concierto con un telón que se bajó a la llegada del estribillo de Me dijeron de pequeño. Apareció sentado en un banco colocado en el centro del escenario, pero tardó poco en retirarlo y comenzar a moverse de un lado al otro al ritmo de Yo quiero vivir y Aprieta. “Bona nit Barcelona, això és casa meva!” En todo momento dejó claro que el hecho de vivir una temporada en la Ciudad Condal le marcó y que “tenía muchas ganas de este concierto dos años después de mi anterior visita. Sabía que sentiría la buena vibración que he notado nada más empezar”.

En cada gira cuesta más descartar canciones y, aunque el repertorio sigue un lógico guión, Carrasco se atreve de vez en cuando a hacer algunos cambios en función de la demanda. El público catalán -y de donde quiera que viniese, porque siempre hay viajeros- cantó a todo pulmón temas de ayer y de hoy. que el artista y su banda iban alternando. Véase Los primeros días, Que nadie o Llámame loco; ésta última después de ordenar Vete a “todo aquél que te controla y que no te deja ser libre. A aquél que no entiende que el amor y el respeto van de la mano”. Tal como el propio Carrasco afirma: “Hay que luchar contra el maltrato, el abuso, el acoso y la intolerancia. Todavía queda mucho camino por recorrer”.

Te veo entre la gente se coló en medio de Mujer de las mil batallas, Ya no y Uno x Uno, viejos temas siempre conocidos, sentidos y coreados. Muchos pueden pensar que el nombre de Manuel Carrasco se atribuye a un cantautor romantico de canciones lentas y que apenas se mueve, pero en los directos se transforma y sucede todo lo contrario. Vive cada segundo como un niño pequeño. Sonriente, alegre, emocionado… y acaba exhausto, claro.

El sonido retumbaba bastante y resultaba molesto. De esas veces en las que la batería suena casi que por encima de la voz y el resto de instrumentos y el público se oye poco. Por suerte lo soportamos, ya que el mensaje de las canciones y la fuerza con la que canta Carrasco compensan cualquier fallo técnico. ¿Que las pantallas se pixelan? También da igual. De pronto decidió apostar por un momento acústico a solas con la guitarra en mano y pudimos relajar los oídos. Nos regaló Menos mal y Soy afortunado con su deje flamenco, pero la banda regresó acto seguido para dar contundencia a Dispara lentamente.

Introdujo Me gusta con un poema que arrancó muchos aplausos, pero quedaba un mix con el que entrelazaba Sabrás, Y ahora, Bailar el viento y Siendo uno mismo. Bloque sentimental y reivindicativo, como es él. El show se iba alargando. Parecía que no iba a tener fin porque se notaba que el artista estaba agusto en el escenario y no quería irse.

El recinto se iluminó con los móviles cuando llegaron Te busco en las estrellas y No dejes de soñar, pero sin pausa posible volvió la marcha al ritmo de Tambores de guerra. El único momento en que se apagaron las luces fue para dejar atrás el traje granate y enfundarse una camiseta brilli-brilli y volver con las pilas cargadas para continuar la fiesta.

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Hubo varias despedidas, pero siempre volvían. A piano interpretó Mi única bandera y Yo te vi pasar, y una gran ovación hizo que se le saltaran las lágrimas. Es que las letras son muy intensas… las cosas como son, y sus fans se entregan muchisimo. “Aquí siempre me he sentido un artista valorado y eso me ayuda a seguir adelante”. De su amor por Barcelona nació una canción inédita dedicada a la capital catalana, ya lo dice bien claro. “La magia de Barcelona no se puede comparar, es única como ella sola desde el mar a Montserrat”. Una canción que incluyó con guiño a Gaudí, al recién fallecido Eduard Punset y a la política. “Déjame ser tu candidato para curarte con canciones”, y que puso al Palau Sant Jordi en pie.

Para terminar, tras la presentación de la banda y el saludo final, puso el broche de oro a las dos horas de concierto con En el bar de los pesares y Que bonito es querer. Faltó solamente Sígueme, pero no pasa nada, le seguiremos la pista porque es imposible quedarse quieto al verle cantar.

Texto y fotos: Gemma Ribera

© COMOexplicARTE

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