TEATRO – NACIONAL – CRÍTICA
¿Cómo se educa a un niño en pleno 2026? ¿Dónde están los límites entre corregir, proteger y sobreproteger? Son preguntas que probablemente cualquier padre, madre, abuelo o docente se haya planteado alguna vez. Y precisamente ahí reside la principal fortaleza de Una bufetada a temps, la nueva comedia escrita por Marta Buchaca y representada en el Teatre Goya de Barcelona.
La premisa es sencilla, pero funciona. Después de que su abuelo dé una bofetada a Roc, un niño de ocho años, la escuela convoca a toda la familia para comunicar que estudiará denunciar lo ocurrido. Lo que comienza como una reunión para esclarecer los hechos acaba convirtiéndose en un enfrentamiento entre generaciones, donde chocan distintas formas de entender la educación, la autoridad y el papel que deben asumir padres, abuelos y docentes.
El texto de Marta Buchaca avanza con ritmo y aprovecha el humor para poner sobre la mesa un tema que afecta prácticamente a cualquier familia. Es fácil verse reflejado en alguno de los personajes o reconocer conversaciones similares fuera del teatro. La obra juega precisamente con esa identificación constante y consigue arrancar numerosas carcajadas gracias a situaciones incómodas, reproches familiares y contradicciones.
El reparto, encabezado por Ramon Madaula y Montse Guallar, sostiene con solvencia una función en la que también participan Marc Rius, Sara Diego Boladeras y Eudald Font. Todos defienden unos personajes reconocibles y mantienen un buen ritmo durante los 75 minutos de representación, destacando especialmente Madaula, que dota a su personaje de una mezcla de ironía, serenidad y carácter que funciona especialmente bien en los momentos de mayor tensión.
Sin embargo, más allá de la fuerza de su planteamiento, la propuesta deja la sensación de quedarse un paso por detrás de lo que promete. El conflicto es potente y el debate resulta muy actual, pero el desarrollo escénico apuesta por una puesta en escena bastante convencional y un tono que, por momentos, recuerda más a una comedia televisiva que a una producción teatral con capacidad para sorprender. El conjunto cumple, entretiene y hace reír, aunque difícilmente deja una huella duradera una vez cae el telón.
¿Por qué verla?
La reflexión está ahí, el humor también y la empatía con los personajes surge de forma natural, aunque la sensación final es la de haber asistido a una función correcta, eficaz y cercana, pero sin ese punto de riesgo o brillantez que la habría convertido en una obra realmente memorable. Porque, al fin y al cabo, la educación de los más pequeños nunca es un asunto menor. Y aunque la respuesta probablemente no exista, Una bufetada a temps recuerda que cuestionarnos cómo educamos sigue siendo tan necesario como incómodo.
Valoración: ★★★
Texto: Gemma Ribera
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