MÚSICA – BARCELONA – CRÓNICA
El pasado 21 de julio, El BARTS Festival reunió tres propuestas muy distintas, pero complementarias, en una velada donde el talento femenino fue el gran protagonista. La catalana Sara Roy abrió la programación en el Village Stage con un concierto cercano y luminoso que sirvió de cálido recibimiento para el público. Más tarde, ya en el escenario principal, Judith Hill confirmó por qué es una de las voces más respetadas del soul contemporáneo con una actuación elegante, intensa y cargada de personalidad. El broche lo puso LP, que regresó a Barcelona para ofrecer un concierto tan emocional como contundente, sostenido por una voz capaz de llenar por sí sola cualquier escenario.
Desde su aparición, Laura Pergolizzi dejó claro que no necesitaba grandes artificios para conectar con los asistentes. Vestida con su ya inconfundible estética andrógina y armada con un magnetismo natural, abrió el concierto con una sorprendente versión de Shelter from the Storm, de Bob Dylan. Una elección poco habitual que sirvió para mostrar desde el primer minuto la versatilidad de una artista que siempre ha transitado entre el rock, el folk y el indie-pop con absoluta naturalidad.
Sin apenas pausas enlazó Girls Go Wild, Everybody’s Falling in Love, The One That You Love y Shelly, en un arranque que combinó potencia, sensibilidad y una ejecución vocal impecable. Si algo distingue a LP es precisamente esa capacidad para pasar de registros íntimos a explosiones de fuerza sin perder un ápice de control. Su característica voz rasgada, de enorme amplitud, volvió a convertirse en la gran protagonista de la noche.
Uno de los aspectos más destacados del concierto fue la cercanía que mantuvo durante toda la actuación. LP se dirigió al público en varias ocasiones, incluso se animó a hablar en español, despertando los aplausos de los asistentes. Agradeció repetidamente el cariño recibido en Barcelona y dejó varios mensajes a favor de la libertad, un valor que también impregna muchas de sus canciones y con el que conectó especialmente con el público. Esa naturalidad, unida a su sentido del humor y espontaneidad, hizo que el concierto se sintiera muy cercano y auténtico.
El repertorio continuó con When We’re High, No Witness, How Low Can You Go, Into the Wild, Dayglow y la intensa Muddy Waters, una de las interpretaciones más celebradas por su enorme carga emocional. Acompañada por una banda sólida y perfectamente compenetrada, LP encontró el equilibrio entre la delicadeza de las baladas y la contundencia de sus composiciones más rockeras.
El momento más esperado llegó con Lost on You. Bastaron los primeros silbidos característicos del tema para que el público estallara en aplausos y comenzara a cantar al unísono una canción que, casi una década después de su lanzamiento, continúa siendo el gran himno de su carrera. Fue, sin duda, el instante más emocionante de la noche, con todo el teatro entregado acompañando cada verso.
Tras One Like You y Long Goodbye, LP volvió al escenario para despedirse con Other People, la inédita Best in Love -interpretada en primicia un día antes del estreno de su videoclip oficial- y Tightrope. Un final que dejó a los asistentes con la sensación de haber presenciado un concierto donde no solo hubo espacio para los grandes éxitos, sino también para compartir un nuevo capítulo de la trayectoria de una artista que sigue evolucionando sin perder su identidad.
Gemma Ribera
© COMOexplicARTE
