MÚSICA – BARCELONA – CRÓNICA
Lo que comenzó meses atrás anunciándose como un concierto completo de Don Omar en Barcelona terminó transformándose en el cierre del Cook Music Fest, con un cartel al que posteriormente se incorporaron Greeicy y Béele. Un cambio que no terminó de convencer a parte del público, que había adquirido sus entradas esperando una actuación íntegra del artista puertorriqueño. Sin embargo, una vez llegó el momento de la verdad, todo quedó eclipsado por la presencia de uno de los nombres imprescindibles en la historia del reguetón.
Con alrededor de 55.000 asistentes en el Estadi Olímpic Lluís Companys, Don Omar demostró que los clásicos del género siguen gozando de una salud envidiable. Sin necesidad de presentar nuevo material ni reinventarse, construyó un espectáculo basado en un repertorio que forma parte de la memoria colectiva de varias generaciones.
No hubo largas introducciones. Tras una reverencia al público, el artista irrumpió, vestido con la camiseta de la Selección Española de Fútbol, entre llamaradas y un espectacular despliegue visual para arrancar con Dale Don Dale, marcando desde el primer minuto el tono de una actuación intensa, directa y sin apenas pausas. Acompañado por un cuerpo de baile perfectamente sincronizado y una potente producción audiovisual, enlazó éxitos como Repórtense, Hasta Abajo o Guaya Guaya, manteniendo al estadio completamente entregado.
El concierto, de aproximadamente una hora y veinte minutos, pudo parecer algo breve para quienes esperaban una actuación más extensa, aunque el formato de festival justificaba en parte esa duración. Aun así, Don Omar optó por condensar una veintena de canciones, enlazando varios temas para mantener un ritmo constante que apenas dio respiro al público.
Uno de los momentos más celebrados llegó cuando el artista quiso reconocer la diversidad de nacionalidades presentes en el estadio. «En Europa todos somos latinos», afirmó mientras saludaba a venezolanos, colombianos, ecuatorianos, cubanos, bolivianos y al resto de comunidades presentes, provocando una de las mayores ovaciones de la noche y reforzando el sentimiento de unión que flotaba en el ambiente.
La nostalgia fue la gran protagonista de una noche construida sobre himnos que siguen sonando tan vigentes como hace dos décadas. Pobre Diabla y Ayer la vi aportaron el lado más melódico del repertorio, mientras que Virtual Diva y Sexy Robótica recuperaron la faceta más electrónica y experimental de iDon, un disco adelantado a su tiempo que continúa ocupando un lugar especial dentro de su trayectoria.
Don Omar tampoco olvidó rendir homenaje a algunos de los artistas con los que ayudó a construir la edad dorada del reguetón, recordando a Daddy Yankee y Wisin & Yandel, antes de encarar el tramo final con Ella y Yo, su inolvidable colaboración con Aventura, Taboo y, por supuesto, Danza Kuduro.
El Estadi Olímpic Lluis Companys se conirtió en una enorme pista de baile donde miles de voces cantaban prácticamente cada palabra. Pocas canciones consiguen generar una comunión tan inmediata entre generaciones, y el cierre, con show pirotécnico incluido, fue la mejor prueba de ello.
En un momento en el que el género continúa evolucionando y nuevos nombres dominan las listas de éxitos, Don Omar recordó por qué sigue ocupando un lugar privilegiado entre los grandes referentes del reguetón. Bastó con recuperar aquellas canciones que marcaron una época para confirmar que algunos clásicos, simplemente, nunca pasan de moda.
Gemma Ribera
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