CULTURA – MÚSICA – CRÓNICA
Tarragona tenía un aliciente especial: vivir el espectáculo mucho más cerca del escenario. Y, una vez más, quedó demostrado que hay artistas de los que nunca te cansas en directo. Porque cada concierto de Alborán tiene algo distinto. No importa cuántas veces interprete las mismas canciones; siempre consigue que parezcan nuevas.
El artista malagueño volvió a desplegar esa fórmula que lleva más de una década conquistando al público. Desde una aparente timidez transmite una cercanía difícil de encontrar en los grandes escenarios. Su voz, además, ha evolucionado con el paso de los años, ganando registros, matices y profundidad, sin perder la sensibilidad que caracteriza cada una de sus interpretaciones.
La expectación comenzó mucho antes de que se apagaran las luces del recinto. Mucha gente hacía cola en los accesos de la CaixaBank Tarraco Arena. Las altas temperaturas hicieron especialmente dura la espera, pero nada parecía importar cuando el objetivo era disfrutar de su artista favorito. Ya con el recinto prácticamente lleno, cerca de 6.000 personas recibieron a Pablo Alborán con una ovación que marcó el inicio de una noche donde prácticamente cada canción fue coreada de principio a fin.
El concierto arrancó con Clickbait, una de las canciones más representativas de su último álbum, KM0 (2025), una reflexión sobre la falsedad de las redes sociales y la imagen que proyectamos hacia los demás. A partir de ahí, el artista fue alternando las nuevas composiciones con algunos de los grandes éxitos que han marcado su carrera. Sonaron temas como Quién, Me quedo, No vaya a ser, Qué tal te va, Tanto, Mis 36 o Saturno, construyendo un recorrido emocional que mantuvo al público completamente entregado durante toda la noche.

A destacar la interpretación de Solamente tú a guitarra y voz, y la de Planta 7, canción inspirada en una experiencia personal vivida en un hospital. Antes de interpretarla, el cantante quiso dedicar unas palabras de agradecimiento a los profesionales sanitarios, recordando la importancia de reconocer su trabajo cada día y no únicamente cuando los necesitamos. El aplauso posterior fue uno de los más largos y sentidos del concierto.
Además, hubo espacio para las historias que trascienden la música. Antes del concierto, la pequeña Irai pudo cumplir uno de sus mayores sueños: conocer en persona a Pablo Alborán. Lo hizo gracias a la labor de la Fundación Columbus y a la colaboración del actor Miguel Ángel Silvestre. que más tarde siguió el concierto desde una de las zonas VIP del recinto. Durante la actuación, el cantante malagueño volvió a acordarse de Irai desde el escenario y le dedicó unas emotivas palabras de cariño y apoyo.
Con cada gesto, el artista volvió a demostrar por qué mantiene una conexión tan especial con sus seguidores. Intentó dirigirse al público en catalán, entre risas y reconociendo que todavía tiene mucho que aprender y, como ya es habitual en esta gira, invitó a varios fans a subir al escenario para compartir el medley formado por Perfectos imperfectos, Que siempre sea verano, Tu refugioy ¿Dónde está el amor?Un momento espontáneo y cargado de emoción que volvió a evidenciar que sus conciertos son mucho más que una sucesión de canciones.
Aunque el concierto mantuvo un gran nivel artístico, la noche también estuvo marcada por algunos inconvenientes técnicos. En determinados momentos, el equilibrio entre la banda y la voz no fue el deseado, provocando que algunas canciones perdieran claridad y dificultando la escucha de ciertos matices de la interpretación. A ello se sumó el intenso calor que acompañó toda la jornada y que se dejó sentir también durante buena parte del espectáculo, tanto para el público como para los propios músicos sobre el escenario.
El último obstáculo llegó prácticamente en el desenlace. Debido a la normativa acústica del recinto, el volumen del concierto tuvo que reducirse a las 23:00 horas, cuando apenas restaba una canción para finalizar la actuación. Una circunstancia ajena al artista que restó algo de fuerza al cierre, aunque no consiguió apagar el entusiasmo de un público que continuó cantando hasta el último acorde.
El tramo final reunió algunos de los himnos más esperados de la noche. Perdóname, reinterpretada en versión bachata, Por fin, KM0, Prometo, Copiloto, Vívela, La fiesta, Vivir, La vida que nos espera y el broche definitivo con Si quisieras. Quedó claro, una vez más, que sus conciertos son un refugio donde la música conecta con las personas de la forma más sincera.
Texto y fotos: Gemma Ribera
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