PRESENTACIÓN: José Sacristán vuelve al Romea con su homenaje más personal a Fernán Gómez

José Sacristán vuelve al Teatre Romea con El hijo de la cómica, un montaje nacido de su admiración por Fernando Fernán Gómez y construido a partir de las memorias del actor, escritor y director. La presentación del espectáculo tuvo lugar este miércoles en el mismo escenario que, para Sacristán, se ha convertido en algo más que un teatro: “Esta es mi casa y vengo aquí a cumplir años”. El intérprete celebrará su 89 cumpleaños en Barcelona. En ese mismo teatro estrenó también La colección y, tras cinco temporadas en los últimos seis años, regresará a encontrarse con el público catalán hasta el próximo 4 de octubre.

La relación con el Romea fue precisamente uno de los primeros aspectos que destacó Josep Maria Pou, director artístico del teatro, que quiso agradecer públicamente la fidelidad de Sacristán. Lo hizo con la cercanía de quien habla de un compañero de oficio y de un amigo, antes de definir el espectáculo como el encuentro de dos grandes figuras: un maestro que rinde homenaje a otro maestro.

Pero El hijo de la cómica no nace únicamente de la admiración profesional. Sacristán ha encontrado en las páginas de El tiempo amarillo 1921-1943, primer volumen de las memorias de Fernán Gómez, numerosos ecos de su propia historia. También en aquellas conversaciones que mantuvo con él durante los años en los que tuvo la oportunidad de conocerlo de cerca. “Si el escritor Delibes me enseñó a mirar, el cómico Fernán Gómez me enseñó a escuchar. Durante unos cuantos años tuve el privilegio de estar cerca de él y escucharlo”, explicó.

De esa escucha surge ahora una propuesta especialmente íntima. Después de siete décadas dedicado a la profesión, Sacristán asegura que nunca se había enfrentado a un trabajo tan ligado a su propia experiencia. “Nunca he hecho nada tan personal y, en consecuencia, nunca he sentido una satisfacción tan especial”. La infancia y juventud de Fernán Gómez, sus recuerdos familiares y el contexto histórico en el que transcurrieron se cruzan así con la memoria del propio Sacristán, que reconoce haber encontrado coincidencias con su familia, especialmente con la generación de sus abuelas. “Hay muchas coincidencias puntuales y otras de carácter general”.

El espectáculo parte de esas memorias, pero no pretende convertirse en una reconstrucción biográfica convencional. La vida de Fernán Gómez funciona como hilo conductor para recuperar también una época marcada por la dificultad, desde los últimos años de la dictadura de Primo de Rivera hasta la proclamación de la República, la Guerra Civil y la posguerra. Un recorrido que Sacristán entiende también como un homenaje colectivo “a una gente, a un tiempo, al sacrificio y a no perder la dignidad por una vida mejor”.

En escena, la historia personal y la memoria histórica conviven con materiales audiovisuales que ayudan a situar al espectador en aquel contexto. Sacristán recuerda, además, su propio descubrimiento del cine cuando apenas tenía seis años, una experiencia que le quedó grabada y que conecta con aquella generación para la que el acceso a la cultura y al espectáculo podía convertirse en un acontecimiento extraordinario.

Uno de los grandes retos del montaje era, precisamente, enfrentarse a la figura de Fernán Gómez sin caer en la imitación. Sacristán lo tiene claro: “Una imitación de Fernando Fernán Gómez habría sido temeraria”. Su apuesta pasa por trabajar desde la escucha, la intención, las pausas, los cambios de tono y las pequeñas diferencias vocales, buscando que el personaje aparezca desde dentro y no desde la reproducción de unos gestos reconocibles.

En ese sentido, su máxima durante el proceso ha sido sencilla, porque asegura que “Cuanto menos, más”. Una filosofía que también se traslada a la adaptación, donde conviven los grandes acontecimientos históricos con detalles cotidianos y pequeños guiños que permiten construir una atmósfera propia. El objetivo no es hacer que Sacristán sea Fernán Gómez, sino recuperar aquello que permanece de él a través de sus palabras y de la mirada de alguien que tuvo la oportunidad de escucharlo.

El resultado está teniendo una respuesta especialmente cálida por parte del público. Para Sacristán, esa relación entre escenario y espectadores también ha cambiado con el paso del tiempo. “El teatro se ha democratizado”, afirmó, reivindicando la existencia de un público fiel que sigue llenando las salas y haciendo posible que quienes llevan décadas sobre los escenarios continúen encontrando razones para seguir trabajando.

Don José Sacristán -tal como se refiere a él Josep Maria Pou- afronta El hijo de la cómica desde un lugar poco habitual en su trayectoria. Nada más y nada menos que en el de quien mira hacia atrás para encontrarse con otro artista, pero también consigo mismo. Un homenaje a Fernán Gómez que termina ampliándose hacia una generación, una forma de entender el oficio y unas vidas atravesadas por la necesidad de resistir sin renunciar a la dignidad.

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Gemma Ribera

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