CINE – NACIONAL – ENTREVISTA
En Eixam (Enjambre), una comunidad aislada intenta construir una nueva forma de vida lejos de las reglas y contradicciones del mundo que ha dejado atrás. Pero empezar de cero no es tan sencillo cuando cada persona llega con su propia historia, sus heridas y sus ideas sobre el poder. Dirigida por Òscar Bernàcer y escrita por Joana M. Ortueta, la película utiliza la naturaleza, el agua y el aislamiento para hablar de aquello de lo que difícilmente podemos escapar: nosotros mismos. Hablamos con ambos sobre la creación de Eixam, la construcción de Malpàs y una pregunta que atraviesa toda la película: ¿es posible crear una sociedad nueva sin repetir los errores de la anterior?
COMOexplicARTE: ¿Cómo surge el guion de Eixam?
Joana M. Ortueta: Siempre me han fascinado las historias que cogen a un grupo de personas, las sacan de su zona de confort y las ponen en una situación en la que tienen que empezar de cero o construir algo únicamente con las personas con las que cuentan. El señor de las moscas, Lost —salvando las distancias— o una película que me marcó cuando era muy pequeña, la adaptación animada de Rebelión en la granja, son algunos referentes. Me la pusieron con seis años y, como cría, la recibí como una película de animalitos en dibujos animados. Pensaba: «Qué bien, han echado a los humanos y ahora van a construir aquí un mundo ideal». Pero cuando entendí la violencia, el abuso de poder y la explotación que había detrás de la historia de Orwell, me quedé muy impactada.
Creo que desde entonces se me quedó una pregunta: ¿Qué le ocurre al ser humano para que, teniéndolo todo a favor para construir algo justo y equilibrado, acabemos cayendo sistemáticamente en la violencia, la explotación y la confrontación? Hubo un momento en que la crisis financiera se llevó por delante nuestro sustento, que eran las series diarias que se hacían en la Comunidad Valenciana. Y pensé: «Ya no tengo excusa, ahora tengo tiempo». Se lo propuse a Jorge Juan Martínez, un compañero de aquellas series, con más experiencia que yo y mucha mano con el thriller y la novela negra. A él le encantó la historia y aquí estamos.
COMOexplicARTE: Ha sido un proyecto largo y complejo. ¿Cuánto ha cambiado Eixam desde aquella primera idea hasta la película que finalmente habéis podido hacer?
Òscar Bernàcer: En las sucesivas versiones del guion ha cambiado bastante el trabajo sobre la colectividad, sobre el grupo. Al ser una película coral, hay muchísimos personajes y hemos ido puliendo mucho la información que tenemos de ellos, lo que sabemos de cada uno y las tramas que desarrollan. Lo que no ha cambiado es el final. Prácticamente todo el tramo final de la película ha estado ahí desde el principio. A lo largo de los años, la evolución ha consistido sobre todo en generar una mayor sensación de asfixia en ese lugar reduciendo progresivamente la información que tenemos de los personajes.
Joana M. Ortueta: Las primeras versiones del guion eran mucho más extensas. Ha sido un trabajo de destilación y ahí nos ha venido muy bien la mirada externa de Òscar primero y, después, su visión como director, cuando ya tenía muy claro con qué espacios contaba, qué elenco tenía y dónde iba a colocar la cámara. Los guionistas tendemos a escribir de más porque nuestra herramienta es el texto. (ríe).
COMOexplicARTE: Malpàs nace como refugio para personas que lo han perdido todo, pero termina reproduciendo aquello de lo que pretendía escapar. ¿La película plantea que el problema no está tanto en el sistema como en nuestra relación con el poder?
Òscar Bernàcer: El sistema tiene fallos y hay que intentar solucionarlos. Pero existen mecanismos para hacerlo. Simplemente con que se cumplieran determinadas cosas del sistema actual, tanto a nivel social como de protección, podríamos trabajar para que el bien común fuera uno de los patrones que guiara la administración de los recursos.
La película lo que hace es reproducir el sistema que tenemos. Todos sus fallos terminan apareciendo allí también. No estamos diciendo que las utopías no funcionen, sino que en Malpàs se reproducen los mismos errores. Y están también las mochilas personales de cada uno, que hacen que las cosas no funcionen y que terminen apareciendo precisamente los problemas de los que huían.
Joana M. Ortueta: Evidentemente, tenemos un problema con el poder.
COMOexplicARTE: ¿Qué relación tiene ese poder con la sociedad que vemos fuera de Malpàs?
Òscar Bernàcer: El poder, al final, si hablamos de política, es una correa de transmisión de la sociedad para la sociedad. Si acaba funcionando solo para unos pocos, la sensación de ruptura es muy grande. Y esa ruptura genera discursos como los que estamos viendo hoy, que están ocupando mucho espacio mediático y adquiriendo también mucha fuerza.
COMOexplicARTE: Lluc llega a Malpàs con una idea bastante concreta de lo que va a encontrar y el espectador entra en la comunidad con él. ¿Queríais que primero nos enamoráramos de esa utopía para después empezar a desconfiar de ella?
Òscar Bernàcer: Queríamos que se enamorara, pero porque el efecto de la película tiene que ver con la propia naturaleza. La naturaleza es hermosa y horrible a la vez; es bucólica y brutal al mismo tiempo. Lluc llega con una mirada un poco elevada, como diciendo: «¿Pero qué hacéis aquí?». Y poco a poco se va enamorando. El espectador hace el mismo recorrido. Yo voy contando algo que parece bonito, que funciona, pero después aparece el reverso.Y ese reverso, como ocurre con la naturaleza cuando se desencadena, genera destrucción.
Joana M. Ortueta: También tiene que ver con la propia filosofía de la comunidad que se está gestando allí, porque está sustentada en mentiras. No está construida realmente sobre la idea de generar un mundo mejor, sino sobre ocultar cuestiones del pasado que podrían meter a sus miembros en problemas en la ciudad.
COMOexplicARTE: Joana, vienes de una historia tan íntima y familiar como La casa. Aquí vuelves a hablar de convivencia, pertenencia y vidas personales, aunque desde una comunidad alternativa. ¿Existe un hilo entre ambas películas?
Joana M. Ortueta: Es verdad que cronológicamente Eixam se gesta muchos años antes que La casa y después ha ido evolucionando con el tiempo. Además, Eixam es un proyecto personal que nace de una inquietud propia, mientras que La casa parte de una novela gráfica del gran Paco Roca, de la que yo era una fan entusiasta y que, además, tenía muchos paralelismos con mi propia vida.
Acababa de perder a mi padre, teníamos una casita muy similar en una zona cercana y yo hacía algunas de las cosas que hace el protagonista de la novela. Además, Álex Montoya es amigo y vecino. El proyecto es suyo. Él hizo el trabajo de adaptación y yo entré como guionista para hacer versiones y revisiones. Pero sí es cierto que las dos películas comparten un tipo de historias que me gustan mucho como espectadora: aquellas en las que no hay buenos y malos, sino que todos tienen sus razones. Yo siempre digo que todos somos los protagonistas de nuestra película. En ambas películas ocurre eso y me gusta mucho. Son películas que después te dan para tomar algo, hablar con la persona con la que las has visto y debatir. Debatir quién tiene razón en cada momento y por qué.
COMOexplicARTE: El agua está presente desde el principio como una necesidad básica de la comunidad, pero acaba adquiriendo una dimensión simbólica. ¿Qué representa ese recorrido entre el aljibe y el río?
Òscar Bernàcer: Ellos están al margen de los servicios y expuestos a los elementos. El fuego no está presente, pero ha dejado unas cicatrices, una herida en el paisaje. Y el agua está desapareciendo. Para sobrevivir tienen que conseguirla. Uno de los principales retos de esta comunidad es la supervivencia, pero no solo como grupo, sino también a nivel personal. Por eso se toman determinadas decisiones dentro de la comunidad y, a nivel individual, decisiones muy egoístas, como habéis podido comprobar.
Joana M. Ortueta: No hay nada más básico que el agua. Puedes subsistir muchos más días sin comida que sin agua. En el momento en que les quitas ese elemento, lo que está en juego es algo tan básico como la supervivencia.También nos gustaba jugar con una idea muy presente en el cine actual: la vuelta a lo rural, el urbanita que abandona la ciudad y se marcha al campo. Creo que es una pulsión cada vez más extendida en este mundo acelerado en el que vivimos. Dan ganas de romper con todo e irse a un sitio sin cobertura.
COMOexplicARTE: Y también hay una voluntad de desmontar la idea de que lo rural es necesariamente idílico.
Joana M. Ortueta: Sí. Es bonito, pero también es muy duro. En este caso no es el urbanita quien huye al entorno rural, sino el entorno rural el que necesita algo de esa tecnología urbana y lo incorpora a su causa. Me parece un elemento distintivo de la película y algo que la hace atractiva.
Òscar Bernàcer: Claro, es que esa dureza era importante para nosotros.
COMOexplicARTE: ¿Cómo trabajasteis la puesta en escena para que el espectador sintiera primero la seducción de la utopía y solo después percibiera que algo inquietante había debajo?
Òscar Bernàcer: Hubo un trabajo de tono con los actores que creo que está bastante logrado. El oscurecimiento está sembrado desde el principio, porque en esa primera parte queríamos generar siempre cierta incomodidad, un extrañamiento en el espectador. Lo trabajamos a través de escenas muy pausadas, momentos de silencio, miradas y subtexto entre las palabras, para que siempre hubiera una carga detrás. También ayuda mucho la fotografía, el color de la película y la realización. Jugamos mucho con la entrada y la salida de los paisajes para que el entorno se convirtiera en un personaje más. Al principio parece que estás en un espacio abierto y libre, pero ese mismo paisaje se va haciendo cada vez más cercano.
COMOexplicARTE: Hay una frase de la película que me marcó: «La vida es un ciclo que se renueva». ¿Creéis que realmente es posible empezar de cero o siempre terminamos reproduciendo aquello de lo que intentamos escapar?
Òscar Bernàcer: Fíjate en el paisaje de la película. Está quemado y está volviendo a nacer, pero las heridas siguen ahí. Los árboles quemados no se han retirado. Siempre queda una cicatriz. Creo que es imposible empezar de cero.
Joana M. Ortueta: Exacto. Del tronco quemado del algarrobo van a crecer brotes de algarrobo; no va a crecer otra cosa. Tampoco creo que sea conveniente empezar de cero. Lo que hay que hacer es aprender y cambiar el rumbo. El ser humano es capaz de romper con todo e iniciar otro tipo de vida, tanto a nivel laboral como personal. Pero para no volver a caer en los mismos errores es necesario conservar la memoria de lo vivido y de lo aprendido.
COMOexplicARTE: ¿Cómo convertisteis el paisaje rural en una prolongación del estado psicológico de los personajes?
Òscar Bernàcer: Era muy importante que no parecieran localizaciones excesivamente mediterráneas, porque en el imaginario común eso funciona de otra manera: el pino mediterráneo, el sol, la piedra más terrosa…Nosotros buscábamos una zona más continental, con una piedra más gris y un paisaje más duro. También el tipo de árboles es diferente y eso funciona de otra manera en el imaginario colectivo. Pero no deja de ser un paisaje valenciano. Es la comarca de l’Alcalatén y fue un hallazgo, porque buscábamos precisamente algo así. Las aldeas tenían paredes de piedra y queríamos que esas paredes tuvieran un peso, que transmitieran quién había construido aquella casa y quién había decidido vivir allí.
Joana M. Ortueta: Y teníamos muy claro que el aislamiento que requería la historia debía ser real durante el propio rodaje. Si no lo hubiéramos vivido así, probablemente tampoco habría resultado creíble en pantalla.
COMOexplicARTE: Si tuvierais que elegir entre vivir completamente libres, pero solos, o vivir en una comunidad como Malpàs, con seguridad y vínculos, pero sometidos a unas reglas que no habéis escogido, ¿qué elegiríais?
Òscar Bernàcer: ¿Completamente solos? Me parece más interesante la idea de vivir en comunidad. Y combatir por la sociedad.
Joana M. Ortueta: Yo creo que sería capaz de claudicar en algunas cosas. Somos animales sociales y vivir sola no me lo planteo en la vida. Aunque, evidentemente, tendría que aceptar que habría cosas a las que renunciar.
*Entrevista realizada junto a Carlos de Latidos por el cine
Gemma Ribera
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