CULTURA – MÚSICA – CRÓNICA
Volver tras dos años de parón no debe ser sencillo. Mucho menos hacerlo empezando un concierto con cuatro canciones que el público todavía no conoce. Pero Vetusta Morla decidió que su regreso no iba a consistir en recuperar exactamente el punto en el que lo dejó. Anoche, 2 de octubre, el Palau Sant Jordi acogió la primera fecha de su nueva gira, Gira de vuelta. Canciones de ida, y la banda madrileña quiso dejar claro desde el primer minuto que este regreso también supone empezar de nuevo.
El concierto arrancó con Mi colección de duelos, Bailar en Beirut, De alguna forma y Si vuelves. Cuatro canciones que todavía no forman parte del imaginario colectivo de sus seguidores y que, sin embargo, fueron recibidas con atención y curiosidad por un Palau Sant Jordi lleno. Las letras aparecían proyectadas para acompañar al público en ese primer contacto y Pucho explicó que, después de estos años de pausa, habían visto cómo el mundo se encaminaba hacia el desaliento y la apatía, y que habían decidido volver con las mejores herramientas que tenían para combatir el tedio y el sinsentido: las canciones.
Entonces llegó La deriva y el show subió de temperatura. Después de veinte minutos de material nuevo, escuchar en vivo uno de los grandes temas de la banda fue también comprobar hasta qué punto existe una memoria compartida entre Vetusta Morla y su público. Golpe maestro y El hombre del saco mantuvieron esa conexión antes de regresar al material inédito con Todo lo que arde. La combinación entre canciones conocidas y nuevas composiciones fue, durante toda la noche, una de las claves del repertorio.
También hubo espacio para la reivindicación. Vetusta Morla convirtió su local de ensayo imaginario en un espacio de diálogo, incorporando durante el concierto mensajes relacionados con Palestina, la crisis climática o el acceso a la vivienda. No fue un discurso separado de las canciones, sino parte del mismo relato que la banda lleva construyendo desde hace años. Y entre esas proclamas aparecieron Maldita dulzura, Finisterre y Mapas, tres momentos pertenecientes a épocas diferentes de su trayectoria que demostraron que el repertorio sigue teniendo capacidad para conectar generaciones de seguidores.
La parte central continuó alternando novedades y clásicos. Lo importante, presentada también por primera vez en directo, introdujo uno de los momentos más contenidos de la noche antes de Puñalada trapera. Después llegaron 23 de junio, La Virgen de la Humanidad y Boca en la tierra, que llevaron el concierto hacia un terreno mucho más festivo. Cuarteles de invierno aportó el contrapunto emocional antes de La vieja escuela y Te lo digo a ti, cuyo comienzo tuvo que repetirse tras un pequeño desajuste. Son precisamente esos momentos imperfectos los que también forman parte de un primer concierto de gira: una banda que vuelve a encontrarse con el escenario después de un paréntesis y que todavía está terminando de ajustar la maquinaria.
La escenografía acompañó esa idea de cercanía. Los seis músicos estaban agrupados en una estructura circular. Una cámara desplazándose por raíles alrededor de ellos permitía cambiar constantemente el punto de vista y acercar al público a los músicos. No hacía falta una escenografía especialmente recargada porque el movimiento, las luces, las pantallas y, sobre todo, la música eran suficientes para transformar ese espacio.
La recta final llegó con La caja de los truenos, otra de las canciones estrenadas en directo, seguida de Valiente y La cuadratura del círculo. Pucho bajó del escenario mientras interpretaban Valiente para acercarse al público y prolongar unos minutos más esa conexión y motivación, un gesto que cerró la noche desde un lugar mucho más directo que cualquier gran efecto de escenario. Y todavía quedaba el bis. Si nos quedamos solos en el mundo, Consejo de sabios, Copenhague y Los días raros. En este último tramo, el Palau Sant Jordi terminó convertido en un enorme coro.
Después sonó No hay tanto pan, de Silvia Pérez Cruz, mientras el concierto llegaba definitivamente a su fin. 26 canciones, ocho estrenadas en directo y un repertorio construido entre la memoria y lo que está por venir. Vetusta Morla no regresó al Palau Sant Jordi para demostrar que todo seguía igual después de dos años. Más bien hizo lo contrario: presentó nuevas canciones, recuperó las que ya forman parte de su historia y volvió a ponerlas en circulación frente a un público que llevaba tiempo esperando escucharlas de nuevo en directo.
Texto: Gemma Ribera
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