CRÓNICA: Miguel Poveda celebra 15 años de ‘Coplas del querer’ en Barcelona

Miguel Poveda regresó a Barcelona para celebrar el 15º aniversario del álbum Coplas del querer (2009) con un concierto de dos horas largas en el CCIB Fórum con todas las entradas vendidas. Una noche de copla, flamenco y mucha emoción en la que el cantaor convirtió el escenario en un espacio para hablar de sus raíces, sus recuerdos y de humanidad, ya que según sus propias palabras, “debería estar por encima de cualquier diferencia”.

Desde La senda del viento hasta Seré… Serenito, Poveda recorrió buena parte de ese universo de coplas que le ha acompañado durante años, reivindicando también a quienes las hicieron posibles, como lo son dos maestros fundamentales para él: Rafael de León y Manuel Quiroga. Deleitándonos con su voz y sus quejios, demostró que Rocío, Compañera y soberana, Bienpagá u Ojos verdes son himnos de la copla que continúan teniendo una enorme capacidad para emocionar.

Pero la noche fue también un viaje por la propia historia de Poveda. Barcelona ocupa un lugar especial en ella y así lo explicó recordando que creció en un barrio donde convivían muchas familias andaluzas y extremeñas. “Esta tierra está impregnada de recuerdos que me han formado y me han hecho ser quien soy”, afirmó, reivindicando además su conexión con la cultura catalana.

Él mismo quiso explicar por qué la copla ocupa un lugar tan importante en su vida. Poveda recordó cómo, siendo niño, aquellas canciones fueron una especie de refugio frente a los comentarios desagradables que podía recibir. Mientras algunas voces cuestionaban el género y lo asociaban a determinados prejuicios, él encontró en esas canciones justo lo contrario: palabras bonitas, compañía y una forma de sentirse comprendido. Años después, sigue reivindicándolas sin complejos y defendiendo la copla como una parte esencial de la música que le inspiró.

Esa defensa de la música como punto de encuentro estuvo presente durante toda la noche. «Yo no sé de política, yo sé de humanidad», afirmó en otro momento, invitando a buscar lugares comunes y reivindicando la capacidad de la música para acercarnos. Tanto es así que el espectáculo fue alternando los grandes momentos de banda con pasajes mucho más íntimos. Poveda y sus músicos se acercaron para crear una especie de cuadro flamenco en el que interpretaron Mis tres puñales y María de las Mercedes, mientras que Esa pena mía, a solas con al guitarrista, permitió disfrutar de una de las interpretaciones más desnudas de la noche.

El repertorio recuperó después canciones esenciales como Coplas del querer, Mi niña Lola, Embrujao por tu querer o ¡Ay, mi hermanita! Y hubo otro momento especialmente delicado con A ciegas, interpretada junto a Joan Albert Amargós al piano y Olvido Lanza al violín, antes de que Poveda presentara a toda su “banda de alta gama” y afrontara el tramo final.

Concluyó una noche en la que el aniversario de Coplas del querer terminó siendo también una celebración de todo aquello que ha construido la identidad artística de Miguel Poveda. Una velada en la que tampoco faltaron las referencias a Federico García Lorca y en la que el cantaor avanzó, en primicia, que a partir de enero va a hacer teatro durante unos meses, abriendo así un nuevo capítulo en su trayectoria artística.

Texto: Gemma Ribera

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